Una sociedad abatida por la desazón

Si tuviésemos un video y nos situáramos en las navidades del 2019, la sociedad civil, en su conjunto, estaría preparando esos acontecimientos que cada año, en función de la situación de cada familia, llevaría a cabo como de costumbre, pero ese video, si lo queremos grabar en el presente 2020, qué distinto es y cómo hemos ido hacia atrás como el cangrejo, para vernos ensombrecidos por una pandemia y una crisis económica sin precedentes. La primera, ha ido carcomiendo prácticamente al mundo y millones de seres del planeta Tierra han dejado de existir, porque una plaga como esta tiene unos efectos multiplicadores que con el tiempo sabremos a dónde nos ha llevado y cómo nos ha destruido. Pero claro, para los supervivientes de la misma quedan unas secuelas de malestar económico que también el levantarnos supondrán muchas muertes de empresas y de sistemas económicos que la desazón y la tristeza no podrán nunca levantar lo que hoy se ha hundido y se está hundiendo.

En nuestro país se han dado datos de fallecidos que nunca sabremos la verdad de la verdad, pero el día a día nos está haciendo tan inútiles ante la adversidad que la propia medicina no es capaz de afrontar las secuelas y el hundimiento de tantos seres que hoy lo están pasando mal.

Hoy, en nuestro video, ya no están aquellos que nos dejaron, como es lógico, pero los supervivientes no saben qué camino tomar para que de una vez esta pandemia llegue a su fin y no conformes con las medidas desacertadas por un lado y acertadas por otro, hacen incapaz que el motor que ya estaba en marcha arranque con vigor y se haga fuerte ante tantas adversidades, pues un turismo en bancarrota, un comercio que no vende, unos autónomos que no facturan, unos trabajadores que reciben ERTES y ERTES para desembocar en ERES, unos despidos colectivos que ya rozan cotas nunca vistas, así como unas pensiones cuyos titulares asustados no ven el horizonte, nos lleva a pensar que estamos ante una catástrofe de la cual, por mucho esfuerzo que se ponga, nada es capaz de mantener el ritmo que se traía constante. Por ello, da desaliento ver las consultas de médicos llenas de personas desmotivadas, sin saber qué rumbo tomar y cayendo en la depresión en la que nunca creyeron estar, sin contar con tanta y tanta preocupación al oír los telediarios, donde ni una guerra mundial hubiese sido tan ruinosa como esta pandemia.

Estamos acabando un año fatídico que, por cierto es bisiesto, lo que aún más ha tambaleado el optimismo de quien lo tenía, pero hay que pensar que seremos capaces, pese a dejar a muchos seres queridos en el camino, de retomar todo el tiempo perdido para hacer una nueva vida con nuevas herramientas y sobre todo hacernos solidarios para salir del embarcadero y para ello, hay que apartar el odio, el enfrentamiento, la envidia, el revanchismo y el sectarismo en el que vivimos, pues son los pilares más perjudiciales para que el covid-19 se haga fuerte y no nos deje títere con cabeza. Seamos conscientes y responsables de que un mal año se pasará pronto, pero si no unimos nuestras energías para salir del agujero, nadie vendrá a sacarnos; esperemos que esta profunda lección que se nos da cada minuto nos sirva para algo y, en definitiva, para que nuestros dirigentes cambien de actitud y verdaderamente procuren el interés general, pues de lo contrario cuando hayamos pasado la pandemia ellos, precisamente, por su flojera, desidia y mentiras serán los primeros que la sociedad civil los orille y los hagan responsables de tanta negligencia y falta de gestión. Ahora es el momento de cumplir medidas, de ser disciplinados en los mandatos para dejar de tener estadísticas mortales, así como es el momento de permitir que nuestros abuelos tengan un final feliz y no muertes solitarias y para eso, todos tenemos cerca a estos seres que día a día han caído en las “trincheras” de las UCIS pese a la lucha titánica de médicos y profesionales de la sanidad que también, como los mártires, han dejado sus vidas en el campo de batalla. Eso, no debemos olvidarlo. Ya tenemos un recorrido y posiblemente las vacunas sean el único clavo al que podemos agarrarnos y para ello hace falta un cuestionario a seguir que no es ni más ni menos que el de la solidaridad, pues una vez estando en estabilidad y con el tiempo despejado, ya nos tocará la hora de pedir responsabilidades a quienes la tengan y agradecer a los que en este calvario nos han ayudado a seguir adelante.

Fdo.: José Blas Fernández Sánchez.

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5 Respuestas a “Una sociedad abatida por la desazón”

  1. Como siempre sin pelos en la lengua. Siempre dando en el clavo y describiendo una realidad que, por desgracia, mucha gente está viviendo. Muy acertado todo

  2. Desde luego esta pandemia nos ha hecho sufrir muchos y esperemos recuperarnos, pero los políticos que nos gobiernan deberán pagar caro estas decisiones opacas para con una sociedad hundida,

  3. Es un artículo claro y concreto de la realidad social que estamos pasando.
    Estoy de acuerdo , en que q pesar de nuestras inquietudes e inseguridades, debemos ser solidarios y adherirnos a los programas de vacunación .
    Y por último , pedir insistentemente responsabilidades , desde arriba a los que hasta ahora no parece que la tengan.

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