El chuletón del ministro no está en su punto

En este país, cada día nos presentan un culebrón para poder distraernos la mente y así no acordarnos de lo que ocurrió ayer. La pandemia nos sorprende con múltiples contagios cada día y, sin embargo, nos parece como si eso nunca llegase a repetirse en España. Es más, nos preocupa el no poder viajar o que viajen otros hasta nosotros y nuestro único problema es tener una PCR o algún certificado de vacunación, porque los contagios siguen sin ser importantes para algunos y en especial para la juventud irresponsable, pues tantísimos muertos del 2020 es como si fueran de otro siglo y ya ni nos acordamos de ellos. Por eso, las noticias de impacto son las que algunos como en el caso del Ministro Alberto Garzón, nos han revoloteado por nuestro entorno cuando ha dicho que comamos menos carne, como si fuese un nutricionista y que quien lo haga está atentando contra su salud y la de los demás, es decir, ha puesto a los ganaderos contra la pared y se han rebelado no sólo los Consejeros de las Comunidades Autónomas del ramo, sino que hasta los Ministros y el Presidente del Gobierno lo ha calificado peyorativamente como si lo que hubiese dicho no tuviera importancia y no hubiera que hacerle caso, es decir, el Sr. Sanchez ha desautorizado a su Ministro tanto en las formas como en el fondo de hacer las cosas, como si la Ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, que también nos sorprende y nos asusta con la reforma laboral y ahora Garzón fuesen los que están en el punto de mira para que no se les haga caso y se torpedeen desde dentro para que su credibilidad salga tirada por los suelos. Es decir, dos Ministros de adorno, pero con verborrea para hacerse notar.

Ahora, el Ministro Garzón, titular de una cartera hueca y sin contenido, me recuerda las viejas costumbres de los años 50, las cuales ya habían desaparecido, pues quienes conocieron la bula que se pagaba en las parroquias en tiempo de cuaresma, recordarán que también en aquellos años y aún se sigue utilizando, pero sin pagar, no se podía comer carne ni caldo de carne. Era curioso cómo ordenaba la entonces Santa Madre Iglesia hacer ayuno y abstinencia y no se podía comer carne ni caldo de carne durante los 40 días de la Cuaresma, ni durante todos los viernes del año, pues desobedecerlo era pecado mortal, salvo que sacaras la bula de carne y quedabas exento de esa prohibición, con excepción del miércoles de ceniza y el Viernes Santo, donde se expedía un documento a nombre de las personas que adquirían la bula, previo pago de una peseta y entonces se te concedía la licencia para poder comer carne. Esto es lo que le ha faltado al Ministro Garzón de imponernos, porque si bien ha quedado a la altura del betún con sus manifestaciones impropias de un miembro del ejecutivo, si tal vez hubiese puesto un impuesto tipo “bula” para poder comer esa carne que él prohíbe o recomienda le hubiese ido mejor, ya que estamos tan acostumbrados a la subida de impuestos de la luz, IVA, agua, gas, carburantes, etc., y tantos otros para recaudar que nos podía haber hecho hasta gracia, pero creo que se ha metido en un socavón donde tiene los días contados y donde si su intención fue reducir el riesgo de sufrir enfermedades cardiacas, obesidad y otras, debería haberlo consultado con los responsables del Ministerio de Sanidad, pues así su Presidente Sanchez no le hubiese salido diciendo que le “gustaba un chuletón en su punto”, otro que mejor baila y que con tal de mantenerse en su narcisismo permanente, es capaz de cualquier cosa. En resumidas cuentas no ganamos para panolis y, desde luego, para ser el hazmerreír de Europa y lo que peor, para que se rebelen todos los ganaderos, comerciantes, carniceros y quienes rodean el mundo de la ganadería, pues de seguir así llevarán a cabo un largometraje sobre las decisiones de un Ministro inepto que ocupa un Ministerio sin sentido y sin responsabilidad y para cobrar un sueldo.

Sr. Garzón, ser Ministro no es ser el hazmerreír del pueblo, ser Ministro es algo muy serio y de mucha responsabilidad y usted está ahí por un cupo de PODEMOS que mirando desde su llegada y al día de hoy, no ha servido más que para hacer el ridículo. Como buen Comunista ha pensado usted poco en los miles de trabajadores que lo hacen alrededor de esta industria ganadera, lo que demuestra que sabe bien poco de lo que tiene como responsabilidad y de que su papel como Ministro de Consumo es tan mojado que ya no sirve ni para limpiar los zapatos, pues siendo usted Secretario de Política Económica dentro de Izquierda Unida, debió calcular el alcance de sus reflexiones, ya que precisamente en economía que es de lo que usted podía saber algo, ha tenido un efecto tan lesivo para este sector que nunca se olvidarán de usted, como tampoco de aquella Ministra de Sanidad que decía que “la enfermedad de las vacas locas es un problema de salud animal” o “hay que consumir carnes con todas las garantías y olvidarse de las gangas”.

Fdo.: José Blas Fernández Sánchez.

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3 Respuestas a “El chuletón del ministro no está en su punto”

  1. Lo que no puedo explicarme como a este inútil lo han dejado de ministro.del nada, pues no tiene competencias y encima falta el respeto a los ganaderos y consumidores. El pacto para que no se rompa, ha pasado por dejar a estos insolventes de Podemos y así no adelanta las elecciones el mediocre de Sanchez. !!! Que pena de España y de los españoles !!!

  2. Estamos como en una dictadura….ya nos dicen qué comer y cómo. Que vergüenza!! Y no pasa nada que es lo grave. Mancha de ineptos y de mediocres que están llevando a España a la bancarrota!!! Buen artículo como siempre!!!

  3. Un ministro que quiere imponer hasta como y cuando tenemos que comer, demuestra ser un auténtico papanatas, porque solo sabe como comunista de pacotilla, engañar con buenas palabras a los demás pero él vive a lo grande y a lo ancho. Dentro de poco nos prohibe comer carne de membrillo, pues hechos a prohibir a pan y agua y la cartilla del racionamiento como Maduro. Que pena de dinero que pagamos por su ministerio y espero que pronto salga Ud del gobierno fantasmón en el que se encuentra y no volvamos a verle la cara en ningún periódico, pero desde luego no viviendo del cuento, sino viviendo como mileurista y así se entera lo que vale un peine.

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