
El cine apocalíptico se ha convertido en una fórmula casi infalible en estos tiempos que corren, en los que la incertidumbre y la falta de seguridad se han convertido en rasgos de una sociedad cada vez más fóbica, paranoica y peligrosa.
Pero 28 años después también responde a un esquema propio: sigue las normas de una franquicia de notable éxito —al menos en sus dos primeras entregas—, hasta que llegó la propuesta de una tercera, situada 28 años después del primer brote que originó a los furiosos infectados.
La película nos traslada a una isla remota, conectada al continente por un canal de arena que desaparece cuando sube la marea. Un padre quiere llevar a su hijo de expedición para que mate a sus primeros infectados. Estos han evolucionado, adaptándose a una naturaleza cada vez más salvaje, ya que la mano del hombre apenas interfiere. Años después de los acontecimientos de las dos primeras películas, se nos presenta un mundo inhóspito y silvestre, donde la supervivencia es el primer objetivo de cualquier colectivo o comuna que consiga subsistir como pueblo.
En realidad, la película va más allá: nos muestra un mundo que retrocede, pero al mismo tiempo avanza hacia una especie de nueva era. Una sociedad estancada en un subdesarrollo tecnológico: sin medios sanitarios, con producción artesanal, aunque autosuficiente; una vuelta a la ganadería y la agricultura que nos caracterizaron siglos atrás.
Por supuesto, no haré spoilers sobre el avance de la trama. Solo diré que Spike, el niño protagonista, regresa con su madre enferma al continente, tras un altercado con su padre, en busca de un médico que pueda salvarla.
La dirección corre a cargo de Danny Boyle, mientras que el guion lo firma Alex Garland, como ya ocurrió en la primera parte. Quizá convenga recordar que, al no participar en el libreto de la segunda entrega, 28 semanas después, la trilogía quedó suspendida en una especie de limbo durante décadas. Es destacable la facilidad de Garland para abrir nuevos mundos y paisajes narrativos a través de líneas argumentales que, según se ha confirmado, darán lugar a una segunda y tercera entrega dentro de este spin-off.
Garland ya ha demostrado que es tan buen director como guionista, especialmente en el terreno de la ciencia ficción. Maneja las ideas y los conflictos de la mejor manera posible, como sucedió en la brillante Ex Machina o en la fabulosa adaptación de Aniquilación. Entiende en qué consiste la especulación: prever futuros posibles e inciertos. Con el tiempo, nos hemos dado cuenta de que la marca Garland es sinónimo de buen hacer, incluso en el repetitivo y desgastado género de las películas apocalípticas.
Al final, toda historia necesita personajes y trama para ser atractiva. En ese sentido, 28 años después parece cumplir con las expectativas de entretenimiento que el género promete.
Por Daniel Lanza Barba

Muy buen relato de la película,,creo que la veremos cuando haya tiempo.