Luis Rodríguez Guerrero
Cuando envié la escaleta de la entrevista a Alberto Caliani no tardé en recibir un pequeño tirón de orejas, “¿se puede cambiar el tratamiento al tú?, el usted se la carga”. Esta declaración de intenciones basta para entender el calado de un personaje que trasciende de su faceta de escritor consolidado en constante auge. Caliani, apelando a la camaradería, es un tío extraordinario.
Alguien que vende sus historias no solo por una contrastada valía literaria, sino por el exquisito trato que dispensa con sus lectores.
Hablar de Caliani es hablar de una de las voces más destacadas del thriller español del momento, un autor que ha sabido ganarse el respeto de la crítica y el fervor de los lectores gracias a su habilidad para tejer tramas complejas, repletas de historia, misterio y acción trepidante.
Hoy conversamos con él para desgajar parte de su creación más reciente “El cazador de libros”. Su capacidad para entrelazar la veneración por los documentos antiguos con una trama de espionaje y acción contemporánea lo reafirma como un exponente del género. Para nosotros supone un inmenso honor recibirle en nuestra sala de interrogatorio.

La hermandad de los Buchjäger se rige por un principio implacable: “un libro es eterno; una vida no”. Dentro de esta filosofía operativa tan oscura, ¿qué te llevo a otorgarles este credo tan extremo?
Las reglas de enfrentamiento (rules of engagement) han cambiado desde el siglo XXI a nuestros días. En aquellos años, existía una impunidad mayor ante el uso desproporcionado de la fuerza. Traer al presente métodos y principios de esa época me pareció un punto de partida muy efectista para potenciar las escenas de acción de la novela, ya que tienes la sensación de que los personajes pueden morir, de forma violenta, en cualquier momento.
En tu novela, la Biblioteca Nacional ejerce como escenario secreto gracias a la figura de la Cámara Carmesí. En este sentido, ¿fue complicado darle credibilidad a esta localización oculta? ¿Te basaste en algún tipo de mito o leyenda circundante a la propia Biblioteca Nacional?
La Cámara Carmesí nació en mi mente quince minutos después de que la editorial me hablara del proyecto. Quería que fuera una cripta antigua y efectista, distinta a la real, que no está en el sótano de la Biblioteca Nacional, sino en una de las plantas superiores, y es una habitación blindada con mucho menos romanticismo que la que creé para la historia. Me gustó la idea de que Carlos V la confiase a los agustinos recoletos, ya que su convento estuvo un día en el mismo emplazamiento en el que se construyó el edificio actual de la biblioteca. Es más, cambié un poco el final de «Siempre vienen de noche» para que se mencionaran los Buchjäger, y así enlazar la historia con el presente.
Hablemos de Beatriz Martínez, una joven filóloga que trabaja en una tesis sobre Cervantes y, por otro lado, una audaz impostora movida por un único objetivo. ¿Qué “juego” te ofrece esta dicotomía del personaje? ¿Es su tesis una simple tapadera, o tiene un significado más profundo en el desarrollo de la trama?
La tesis es una excusa para infiltrarse en el recinto de la biblioteca y ganarse la confianza del personal que trabaja en ella. Lo importante en Carmen/Beatriz es la motivación que causa su transformación de actriz en paro a criminal de guante blanco: la posibilidad de recuperar a su hijo pequeño, al que prácticamente ha perdido en una batalla judicial.
¿Por qué elegiste el alemán para dar nombre a esta sociedad o hermandad secreta, y qué nos revela sobre sus orígenes o alcance dentro de la novela?
Esta es fácil. En el imperio de Carlos V, una de las lenguas más habladas —si no la que más— era el alemán.
«El cazador de libros» se vende extraordinariamente bien a través de una sinopsis efectista y potente. En ella, se menciona un “juego con reglas centenarias” con intervinientes que operan al margen de la ley. ¿Podrías ahondar, sin hacer spoiler, en la naturaleza de estas reglas?
Podríamos resumirlas en las tres palabras que aparecen en el emblema de la hermandad: oro, sombra y acero. Lo primero que debe hacer un Buchjäger (cazador de libros) para obtener un documento, es intentar comprarlo a su dueño (oro). Si este se niega, el buchjäger estará autorizado a robarlo (sombra), y si todo lo anterior falla, podrá usar la fuerza para conseguirlo (acero).
La hermandad envía a su cazador más letal, que actúa como una especie de Némesis. ¿Su letalidad radica en el poderío físico, en su astucia intelectual o en el profundo conocimiento de los libros?
En una combinación de las tres cosas. John Velasco posee memoria eidética, lo que le permite registrar en su mente miles de volúmenes y recordarlos con fidelidad. Está entrenado para ser una máquina de matar, y es un hombre increíblemente resolutivo. Como contrapartida, tiene un pésimo control de ira, se obceca fácilmente y sus arranques violentos no siempre serán la mejor solución a un problema. Su relación con Rhayader —un friqui adorable de lengua afilada, que trabaja en la Biblioteca Nacional— da momentos muy divertidos a lo largo de la trama.
Cambiemos de registro. Renuevas participación en el Gaditanoir. Eres un autor que suele conectar muy bien con el público lector gracias a tu cercanía. ¿Te encuentras con ganas de volver?
Estoy feliz de regresar por diversos motivos. El primero, porque conecté muy bien con la organización del festival y me lo pasé en grande. El segundo, porque me encanta aportar mi granito de arena a un proyecto que prácticamente está arrancando, y al que le veo muy buenas perspectivas. Y lo más importante: soy de Ceuta, y los de Ceuta somos medio gaditanos, compartimos muchas expresiones, palabras y sentido del humor. Estar en Gaditanoir es sentirme en casa.
En tu narrativa, el humor está muy presente más allá del registro o del género principal. Se podría decir que Alberto Caliani hace bueno el dicho de que “los mejores chistes se cuentan en los tanatorios”, jajaja. Es posible escribir bien sin renunciar a un estilo más desenfadado, ¿no?
A mí me gusta pensar que sí. El público resalta mucho ese aspecto de mi estilo, que te puede llevar a una escena de lo más escabroso envuelta en una capa de sentido del humor. Los pocos que se han quejado de mi forma desenfadada de escribir son unos siesos profesionales a los que les cuesta divertirse.
¿Qué proyecto o proyectos tienes entre manos? Creo recordar que tenías en mente una novela mucho más corta de lo que nos tiene acostumbrados.
En efecto, ya estoy en la recta final de un thriller de personajes que lanzará Ediciones B el próximo junio. Mi objetivo, esta vez, es que le toméis cariño a una panda de delincuentes que creo que acabarán resultándoos adorables. Un reto difícil, pero es que a mí me gustan los retos.
¿Qué libro te ha dejado huella recientemente? Compártelo con nosotros.
El último libro que me ha hecho soltar un: «qué cabrón, que envidia, cómo escribe» ha sido «Leones en invierno», de Carlos Augusto Casas. Lo llamé para tomar unas cañas y charlamos a fondo durante horas, una conversación muy gratificante que deseo repetir, porque con Carlos, además de reírte, aprendes. En estos momentos estoy con un paisano vuestro que, además, asistirá a Gaditanoir: «Dientes rojos», de Jesús Cañadas. Jesús es garantía de calidad, escribe con una potencia espectacular, y aunque acabo de empezar el libro, estoy convencido de que me va a encantar hasta el final.
Gracias por tu amabilidad, Alberto. ¡Nos vemos pronto!
