Entrevista al escritor Samuel Domínguez

Conversamos con Samuel Domínguez, escritor de fantasía canario, que actualmente ejercer como profesor de español en la Universidad de Birzeit, en Palestina. 

Siempre digo que es la pregunta que más temo y, quizá de tanto decirlo, le he ido como perdiendo el susto. Tengo un tema con las identidades. Creo que las necesitamos para jugar un rol efectivo en la sociedad, pero hay una transacción, un canje; algo que damos a cambio de definir lo que somos bajo las mayúsculas de tu religión, nacionalidad, sexo, ideología, profesión y lo que nos apetezca sumar ahí. 

Diría que ese algo que damos en truque es nuestro verdadero ser, eso de lo que nos apartamos desde que nacemos, eso que olvidamos cuando nos descubren, otros, lo que resulta que nos dicen que somos; o sea, cuando nos otorgan ser esas identidades básicas. Ya, cuando crecemos, empezamos solitos a buscar nuestras propias identidades complejas.

Bueno, dicho el argumento lindo, venga la realidad: soy un escritor de fantasía, canario, que es profesor de español en la Universidad de Birzeit, en Palestina. Antes de ser esto fui otras cosas, que ya apenas soy, aunque digan que la forma más segura de ser es haber sido.

Justamente una de esas cosas que fui me dio el tiempo —y el aburrimiento necesario— para empezar a formarme pasivamente primero leyendo, mucho, luego escribiendo, regulinchi, y por fin matriculándome en Filología Hispánica, en la Universidad Complutense de Madrid. 

A medio camino de terminar la carrera, tomé un curso semestral de escritura creativa con Elsa Drucaroff en la Universidad de Buenos Aires, y, a la vuelta, hice el máster de Escritura Creativa, también en la Complutense.

Durante todo ese caminar académico, estuve escribiendo. También antes. Guardo textos de cuando tendría trece o catorce años, pero fue en 2016 cuando lo que empecé a escribir ya buscaba tener una intención de algo más: dejar de ser un pasatiempo sin nombre y empezar a querer llamarse literatura.

Siempre digo que el libro que me desveló cómo me gusta que sea esa literatura fue Mortal y rosa, de Umbral; esa prosa con intención que sacude a uno. Por lo que estudié, mi cabecera de libros es, casi en su completa mayoría, clásicos hispanos; viejos, como la Celestina o más contemporáneos como Formas de volver a casa.

Por esto que te digo creo que, si tuviera que recomendar algo para escribir mejor fantasía, no diría ningún manual, ni siquiera otras novelas de fantasía. Ya hay muchos escritores de fantasía que buscan referencias en novelas fantásticas, ¿qué ganarías haciendo lo mismo que todos ellos? Me parece más interesante nutrir el género desde otras perspectivas. Creo que escribir mejor fantasía significa hacerla evolucionar, no especializarse en retocarle lo que ya tiene, como en una espiral urobórica.

El libro que recomendaría para escribir mejor novela fantástica es ese que, a ti, personalmente, te dio eso que no estaba en la última gran novela de fantasía que leíste. Ahora busca cómo meter “eso” en una narración fantástica.

Es lo único que se me ocurre recomendar, porque es lo que hice con Caminos de vuelta: Al otro lado del alba

Si te cuento el argumento, no creo que vayas a ver nada que te vuele la cabeza por un cañonazo de originalidad. Vamos a hacer la prueba:

“Tras una desaparición en Madrid, un grupo bastante atípico se topa con una organización secreta encargada de cerrar brechas interdimensionales sin que nadie se dé cuenta. La investigarán hasta descubrir una guerra sobrenatural ante nuestros ojos y los grandes misterios del universo”.

Multiverso, guerra fantástica encubierto, misterios cósmicos… Mola, pero seguro que ya has leído algo parecido y tu cabeza sigue en su lugar. La originalidad de Caminos de vuelta está en que no pretende ser una novela fantástica, así que no está contada como se suele.

En mi experiencia como lector de fantasía hay veces que he echado en falta algunas cosas, como el rigor y la verosimilitud, y que me han sobrado otras, como la condescendencia al lector. En Caminos de vuelta he hecho injertos de otros géneros ahí donde otras novelas fantásticas me fallaron. El resultado es una obra que observa al humano desde la fantasía y juega con él, y con el lector. 

Y es muy entretenida.

Esto último hay veces que se da por supuesto, como el valor en los toreros, pero no es así. Creo que uno de los siete pecados capitales de la literatura debería ser aburrir al lector. En mi caso, tengo la sospecha de que Miradero me ha entrenado bien en eso de mantener entretenido al lector.

Miradero es mi newsletter diaria. O sea, un correo mío que te llega todos los días, como una revista, pero en versión digital y superprolífica. 

Hay gente que cree que se agobiaría con recibir tanto email diario, pero a mí me gusta pensar en una bandeja de correo llena como una biblioteca: cuando ves los estantes cargados hasta arriba, no te da ansiedad por saber que no podrás leerlos todos; simplemente eliges uno y lo lees. Y la vida continúa.

Con Miradero pasa igual, sólo tienes que elegir lo que te apetezca. 

La mitad de la semana es ficción, la otra mitad son reflexiones sobre literatura, pensamientos y cosas que veo por Palestina, o donde sea que esté. Algunas de las series de ficción que he lanzado ahí han sido o serán publicadas en otros formatos. Por ejemplo, Antes de rendir el alma se ha convertido en un audiolibro que puedes escuchar en Spotify o Apple podcast; Tierra en las uñas está lista para editar y publicar como novela corta.

La única experiencia editorial que tengo es con editorial tradicional, pero muchos amigos están autopublicados, y creo que ambas estrategias tienen sentido, aunque para conseguir resultados diferentes. Sospecho que el truco está en la siguiente operación:

Si tienes audiencia y quieres dinero, autopublica.

Si no tienes audiencia o quieres ampliar el alcance de tu audiencia, publica con editorial.

Ahora que Miradero tiene una audiencia considerable, la autopublicación pasa a ser una buena salida para esas series de ficción que se lanzan en la newsletter, como te dije, Tierra en las uñas o también Afectados crónicos por la magia

Tierra en las uñas es un thriller histórico-fantástico en torno a unos misterios en el Cementerio General de Madrid, en 1830.

Afectados crónicos por la magia es un relato de fantasía urbana en el Estados Unidos de 1960, donde se descubre cómo manipular la magia y un gabinete de compensaciones económicas, para afectados por los efectos secundarios de la magia, empieza a estar envuelto en tensiones sociales y de poder.

De momento, ambas se pueden leer en Miradero.

El próximo año debería publicarse la segunda parte de Caminos de vuelta, porque está teniendo una aceptación genial y parece que es el siguiente paso lógico. Así que en cuanto publicaciones seguiré por esa línea. Paralelamente, tengo casi terminada una novela de ciencia ficción distópica que está esperando su momento, pero, por ahora, lo bueno del sancocho está y estará con Caminos de vuelta.

Miradero es el mejor lugar para eso, desde luego: www.sdominguez.com

Pero si todavía no te atreves con los correos diarios, muy de vez en cuando subo algo a Instagram, reciclado de Miradero y adaptado al formato fuma-cerebros de la red social. 

Me puedes dejar que te fume el cerebro en @samueldominguez.m

¡Besitos volados!

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