Censura literaria woke

Al calor de lo que le ha pasado a Rosalia por alabar la obra de Picasso en redes, y los consiguientes ataques por la personalidad del pintor y sus casos de maltrato, me surge una duda ¿dejaría de leer una obra por la ideología / vida personal del autor? Yo no dejaría de hacerlo. Es algo que ya me planteé con Woody Allen y comprendí que hay que separar figura y obra. Que de otra forma perdería una parte del relato histórico social y del tesoro cultural de la Humanidad. Al fin y al cabo ¿Cuántos autores / artistas superarían el filtro woke de este siglo XXI?

Vemos como en Estados Unidos se censuran obras como “Harry Potter” por promover la brujería, como ocurrió también con los ataques a la autora por su ideología anti trans. La censura es algo que ha acompañado históricamente al mundo literario, pero ahora estamos ante otro tipo de borrado cultural: el que ejerce la masa. No leer a Vargas Llosa por “facha”, o no leer a Maxim Huerta por socialista es algo que he escuchado ya varias veces; por no entrar en la condición sexual de los autores y, recientemente, también en la religiosa.

Eso ocurre por no ser capaz de disociar obra y autor. Y eso hace que el sesgo ideológico se acorte y el fanatismo crezca. Cuando te falta la mitad de la visión, la realidad se distorsiona. Pero, además, las ideas no siempre van de la mano de las actitudes personales. No podemos entender la sociedad moderna sin Rousseau, pero su figura personal dista mucho de ser perfecta, abandonando a sus cinco hijos en un hospicio ya que no tenía tiempo para cuidarlos. O, por ejemplo, ¿alguien leería a Pablo Neruda sabiendo como trataba a su hija enferma?

Por eso, personalmente, prefiero obviar la vida personal del autor. Sus actitudes y actividades privadas, por más reprobables que sean en muchos casos, no deben interferir en su legado artístico / literario. Más aun cuando ya no podemos hacer nada por evitarlo. De otra forma, perderíamos las obras cinematográficas de Polanski; la literatura de Dickens (quién abandonó y maltrató a su mujer); el mundo fantástico de Lovecraft (quien mostraba claros indicios de racismo); Frida Kahlo no podría ni citarse por su relación tóxica con Diego Rivera (aunque esta sea un icono del feminismo). Ezra Pound, uno de los padres de la poesía modernista, o Knut Hamsun, premio novel de literatura, fueron declarados fascista y nazista respectivamente; pero sus obras superan esos pensamientos y forman parte de un legado cultural que nos ha traído hasta aquí.

Por eso me da miedo el avance de la censura, del ataque al que piensa diferente o, simplemente —como le ha pasado a la cantante— a alabado la obra de uno de los pintores más importantes de la historia, como Picasso. Por esa misma regla, deberíamos quemar las obras de Caravaggio, que pasó toda su vida huyendo de la justicia tras ser condenado por asesinato.

Obra y autor van de la mano, pero debemos saber diferenciar la una del otro para no perdernos algunas de las mayores y mejores muestras del arte.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *