Vuelve Marta Huelves y de qué manera. Por un lado, es una de las escritoras de cabecera que repite edición en el próximo Gaditanoir. Por otro, reaparece por todo lo alto, derribando la puerta con su flamante “Flor de agua”, de ediciones Maeva.
A pesar de su origen madrileño, su voz narrativa (tan potente como arrebatadora), alberga la cualidad de no estar anquilosada al bullicio de la capital. Sus musas, sus personajes y escenarios envolventes encuentran cobijo en el noir más bucólico.
Sus lectores han forjado un vínculo inquebrantable con su protagonista, la inspectora Marina Roldán, quien, con sus decisiones y código moral establecen el eje sobre el que pivotan los misterios de la Asturias más oscura.

– Dentro de la serie del Oriente Astur, “Flor de agua” vuelve a zambullirnos en la mágica y misteriosa Asturias. ¿De qué manera la despoblación rural y la orografía del lugar no solo pueden complicar la investigación, sino que se convierten en cómplices activos de los crímenes o en un reflejo del estado anímico de los personajes?
El paisaje en mis novelas actúa como un personaje más. La especial orografía del oriente asturiano me permite utilizarla como un recurso estilístico. La dispersión de los pueblos, las montañas, los prados, la inaccesibilidad de algunas rutas van a influir en el comportamiento y en el desarrollo de la historia. La bruma, el orbayo, los fenómenos meteorológicos bien utilizados, pueden apoyar el trascurso de la acción y dotarla de nuevas perspectivas.
– En esta nueva novela, pasado y presente están interconectados en la trama. ¿Cómo ha integrado el Día de San Juan con el folclore astur (plagado de mitos y leyendas)? ¿Se trata de un recurso de ambientación o tiene un papel estructural en el desarrollo de la historia?
La noche San Juan es una fiesta que se celebra por todas partes. Además de las hogueras, San Juan está rodeada de mitos, supersticiones y de folclore local. En el norte de España es conocido el símbolo de la flor de agua desde los pueblos celtas. Esto me sirve de punto de partida para construir una trama trepidante en torno a ella.
– A diferencia del mundanal ruido de la ciudad, los crímenes rurales suelen estar envueltos en una capa de sosiego místico. ¿Qué desafíos narrativos y psicológicos presenta el silencio atronador de los bosques y de la naturaleza?
Durante años me he dejado fascinar por el legado cultural de los pueblos pequeños, de la orografía y de la particular arquitectura asturiana. Creo que esta mezcla es de la que disfrutan los lectores, un crimen, un lugar hostil, pueblos pequeños alejados de las ciudades y una buena investigación policial con personajes cercanos, de ahí el interés por las novelas ambientadas en el norte.
– Conducir una investigación de este calibre, ¿supone un reto a la hora de trazar la personalidad de unos personajes, a priori mucho más reservados?
El reto es conseguir personajes corrientes, con unas vidas corrientes. Todos mis personajes, en especial los policías, son unos supervivientes. No me interesan los asesinos ni los delincuentes, si no las cicatrices que dejan a su paso y la forma en que los personajes consiguen o no superarlas. Por eso busco gente de la calle, a los que podrías identificar entre tus vecinos, individuos a los que le pasan cosas malas y buenas y que llevan consigo un lastre de dolor, como cualquiera de nosotros.
– En los ambientes reducidos, los secretos no mueren, se heredan. ¿Hasta qué punto esto supone un hándicap para la inspectora Roldán?
El personaje de Marina es uno de los más importantes y de los que más me ha costado construir. Es una mujer con las ideas claras y en apariencia muy fuerte, pero que arrastra traumas del pasado con los que tiene que lidiar día a día. Ha sido difícil encontrar el equilibrio entre la gestión de sus traumas personales y el trabajo de investigadora.
– ¿Qué elementos de su novela cree que más se desmarcan de los tópicos habituales del género?
En mi caso, lo más característico es la inclusión de leyendas, mitología e historia asturiana en la investigación de un crimen. En mis novelas encontrareis personajes muy alejados de los tópicos. Lamento llevar la contraria a los puristas, pero creo el noir permite una serie de matices interesantes. Superado el detective divorciado, borracho y antisocial, la variedad es pasmosa.
– Vayamos a un plano más personal. Segunda participación en el Gaditanoir. Pleno, dos de dos. ¿Qué recuerdos guarda de la primera edición y qué expectativas tiene para la segunda?
Todo lo que puedo decir es positivo. No solo por la organización, los autores de primera línea con los que compartí charlas y buenos momentos, también por el acierto de propiciar un encuentro entre lector y escritores de novela negra en el sur. Cádiz es una ciudad inspiradora y se merece un certamen que despierte el interés a nivel nacional. Para mí es un honor que contéis de nuevo conmigo en esta edición. ¡Larga vida a Gaditanoir!
– Para los que todavía no la conozcan… Cuéntenos cómo es el proceso creativo de Marta Huelves.
A los ocho años escribía cuentos en la libreta del colegio. A los catorce gané el primer premio de poesía de mi instituto y a los veintiséis gané el primer premio de novela corta que convocaba el ayuntamiento de la localidad donde vivo. Si echo la vista atrás, me recuerdo siempre escribiendo, cartas, pensamientos, relatos o pequeñas historias. Escribo a mano y a tres colores. El azul para escribir, el rojo para corregir y el verde para subrayar las cosas importantes. Tengo mil historias en la cabeza, lo complicado es elegir la perfecta para los lectores.
– Háblenos de sus próximos proyectos. ¿Qué tiene entre manos?
En mi próximo proyecto vuelvo a mis orígenes. Estoy preparando una novela histórica…por supuesto, con una protagonista femenina y con mucha intriga.
– ¿Qué tres libros se llevaría a una isla desierta?
La casa de los espíritus de Isabel Allende.
No digas que fue un sueño, de Terenci Moix.
Olvidado rey Gudú, de Ana María Matute
Gracias por su amabilidad, ¡nos vemos pronto!
