Gaditanoir: la locura de apostar por la cultura

Javier Fornell
Javier Fornell

Hay proyectos que nacen de un estudio de mercado, de una subvención o de una estrategia empresarial. Y hay otros que nacen de algo bastante menos práctico: la ilusión, la amistad y esa bendita locura de creer que las cosas pueden hacerse realidad. Gaditanoir pertenece, sin duda, a esta segunda categoría.

Poner en marcha un festival literario de género negro en Cádiz, conseguir que autores de primer nivel se interesen por él y lograr que, año tras año, vaya haciéndose un hueco en el panorama nacional no es una tarea sencilla. Mucho menos cuando detrás no existe una gran estructura empresarial ni una maquinaria institucional, sino personas que deciden dedicar su tiempo, su esfuerzo y, en demasiadas ocasiones, sus propios recursos a sacar adelante una idea.

Por eso quiero dar las gracias públicamente a mi compañero, socio y amigo Daniel Lanza Barba, y al escritor Alberto Puyana. Gracias por compartir esta locura, por las horas de trabajo, las preocupaciones, las conversaciones interminables y, sobre todo, por no perder la ilusión cuando las dificultades aparecen. Porque la cultura también necesita de quienes se atreven a hacer cosas, de quienes no esperan a que alguien venga a ponerlas en marcha.

Siempre he defendido que la iniciativa particular tiene mucho que aportar al mundo cultural. Las administraciones son necesarias, por supuesto, pero no pueden ser las únicas responsables de generar actividad, crear espacios de encuentro o impulsar proyectos que enriquezcan una ciudad. La cultura también se construye desde abajo, desde las asociaciones, las editoriales, los escritores y los ciudadanos que deciden implicarse.

Y Gaditanoir es precisamente eso: un proyecto colectivo que ya no pertenece únicamente a quienes lo pusimos en marcha. Pertenece también a todos los autores que han confiado en nosotros, a quienes han venido a compartir sus libros y sus experiencias, y a los lectores que han llenado las actividades, que han participado y que han conseguido que cada edición sea un poco más grande que la anterior.

Esta edición nos deja, además, dos motivos especiales de celebración. Mi enhorabuena a Óscar Lobato por el reconocimiento recibido con el premio a toda una vida, un merecido homenaje a una trayectoria vinculada a la literatura y al género negro. Y mi felicitación más sincera a Eduardo Fernán-López por alzarse con el III Premio José Rasero Balón con El balanceo del alacrán. Un reconocimiento que engrandece el certamen y que demuestra el nivel literario que queremos reunir en Cádiz.

Seguiremos. Con más ilusión que medios, probablemente, y con alguna que otra locura por delante. Porque si algo hemos aprendido es que las grandes iniciativas culturales no siempre empiezan siendo grandes. A veces basta con que dos o tres personas crean en ellas y encuentren a otras muchas dispuestas a acompañarlas.

Y eso, afortunadamente, es lo que está sucediendo con Gaditanoir.

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