Entrevistamos al músico Manu Porras

Cuando no estoy tocando, soy bastante casero. Disfruto mucho del deporte, de mi familia y de mi hijo. Me gusta llevar una vida sencilla y tranquila, muy centrada en lo importante.

Me he formado principalmente de manera autodidacta. Diría que el 90% de mi aprendizaje ha venido de tocar, observar, escuchar y equivocarme muchas veces. También he tenido etapas de formación más guiada, pero donde realmente he crecido ha sido en el escenario y en el día a día, aprendiendo de mis grandes influencias.

Desde pequeño me llamó la atención la batería por la energía que transmite. Sentía que era el instrumento que marcaba el pulso y el carácter de todo, el que empuja y sostiene a la banda.

Ser constante y tener paciencia. Escuchar mucha música, tocar todo lo posible y entender que esto es un proceso largo. También es clave saber acompañar, no solo tocar; la batería está al servicio de la música. Y rodearte de buenos músicos, porque al final es donde más aprendes.

La verdad es que no recuerdo un momento exacto. Más bien fue algo que se fue dando de manera paulatina. Al principio, siendo muy joven, sueñas con tocar en directo algún día. Luego llegan los primeros bolos y, cuando menos te lo esperas, estás haciendo 70 conciertos al año. Ahí es cuando te das cuenta de que puedes dedicarte a la música al cien por cien.

Creo que depende mucho del tipo de proyecto. No es lo mismo trabajar en temas propios que en una orquesta de versiones. En los proyectos propios hay más espacio para aportar, para buscar un sonido y desarrollar una identidad desde dentro. En cambio, en una orquesta el enfoque es diferente: tienes que respetar lo que ya existe y centrarte en hacerlo sonar sólido, fiel y con la energía que pide cada tema. En ambos casos intento aportar musicalidad y entender bien qué necesita la canción.

Ha sido una evolución muy natural. Al principio todo era más intuitivo, con muchas ganas de tocar y sin pensar demasiado en lo que hacía. Con el tiempo he ido ganando criterio, entendiendo mejor mi papel dentro de la música y aprendiendo a tocar para la canción, no para mí. También he desarrollado más sensibilidad a la hora de escuchar al resto de la banda y de encajar mejor dentro del conjunto.

A nivel profesional también he crecido mucho. He aprendido cómo funciona este mundo, a valorar mi trabajo y a tomar decisiones con más cabeza. Ahora entiendo mejor qué aportar en cada proyecto y cómo adaptarme a diferentes contextos manteniendo mi forma de tocar.

Son dos mundos muy distintos. El estudio es más detallista, más de precisión, de buscar el sonido perfecto y cuidar cada matiz. Te obliga a escuchar mucho y a ser muy consciente de lo que tocas. En cambio, el directo es más inmediato, más de energía y conexión con la gente. Todo pasa en el momento y tiene algo muy especial.

Personalmente, me resulta más estimulante el directo. Esa sensación de compartir la música con el público y lo que se genera en ese instante no se puede comparar con nada. Además, para mí es clave que haya buen ambiente con mis compañeros. El directo tiene que tener ese punto de disfrute compartido; al final, cuando una banda lo está viviendo de verdad sobre el escenario, se nota.

Intento mantener una rutina constante y equilibrada. Trabajo a diario la técnica en el pad, centrándome en el control, la dinámica y la precisión, y lo complemento con ejercicios de bombo para mantener la resistencia.

Después lo llevo al instrumento, ya sea en casa con la batería eléctrica o en ensayos y directos, que es donde realmente todo cobra sentido.

Además, escucho mucha música y estoy en constante aprendizaje. A nivel físico, el deporte forma parte de mi día a día, porque la batería también exige estar bien preparado en ese aspecto.

Podéis encontrarnos en Instagram, @aidalaitributomecano, y en aidalaimecanotributo.com, donde compartimos contenido, información sobre los shows y próximas fechas para venir a vernos en directo.

Creo que uno de los principales retos es la saturación que hay ahora mismo. Hay muchísima oferta y cada vez es más difícil destacar y, sobre todo, convertir eso en público real que vaya a los conciertos. Muchas veces parece que todo funciona en lo digital, pero luego no se traduce en la realidad.

Yo lo afronto intentando ser honesto con lo que hago, rodeándome de buenos profesionales y tomando decisiones con cabeza. Al final, más allá del ruido, lo que marca la diferencia es tener un proyecto sólido y que conecte de verdad con la gente.

Ahora mismo estoy centrado en seguir creciendo como músico, consolidarme en proyectos con proyección real y mantener una línea de trabajo estable a largo plazo. Me interesa formar parte de propuestas con identidad, que funcionen de verdad y que me permitan seguir evolucionando tanto a nivel musical como profesional.

Podéis encontrarme en redes sociales como @manudrummer000, donde comparto contenido relacionado con mi trabajo y el día a día como músico.

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