1. Si tuvieras que describirte como músico y como persona, ¿cómo lo harías? ¿Qué rasgos crees que definen tu manera de estar en la música?
Me definiría como un músico muy vocacional, muy inquieto y con muchísimas ganas de aprender. Siempre he sido una esponja, de los que observan, escuchan y tratan de quedarse con todo lo que les puede ayudar a crecer. Disfruto mucho aprendiendo, no solo a nivel técnico, sino también en todo lo que tiene que ver con la manera de sentir, vivir y compartir la música.

De todo lo que rodea a este mundo, quizá lo que más me atrae es la parte artística: entender la música como una forma de comunicación. Hay algo muy especial en todo lo que ocurre sobre un escenario más allá de las palabras: las miradas cómplices entre músicos, la comunicación no verbal, esa sensación de estar construyendo algo juntos casi sin necesidad de hablar. Eso para mí tiene muchísimo valor y forma parte de la magia de tocar en grupo.
Como persona, soy bastante inquieto y muy sensible. Me gusta mucho la naturaleza, hacer deporte, cocinar y, en general, todo aquello que me conecta con lo esencial y me ayuda a mantenerme en equilibrio. Creo que esa sensibilidad también influye en mi forma de vivir la música, de relacionarme con los demás y de expresarme.
Además, me sé adaptar bien a distintos roles dentro de un proyecto, y eso siempre me ha ayudado a encontrar mi sitio en contextos muy diferentes. Al final, esa capacidad de aprender, de sentir y de adaptarme forma una parte muy importante de mi manera de estar en la música.
2. Tu relación con la música empezó muy pronto, casi como un juego que se volvió necesidad. ¿Qué recuerdas de aquel niño de 10 años que cogía la guitarra cada día sin que nadie se lo pidiera?
Recuerdo a un niño muy inquieto, muy disperso y con dificultades para concentrarse en una sola cosa. Mi madre no sabía muy bien qué hacer para que enfocara toda esa energía, hasta que tuvo una idea magnífica: regalarme una guitarra y apuntarme a clases en el colegio. Fue uno de esos regalos que te cambian la vida sin que nadie lo sepa todavía.
Desde la primera clase no quise soltar la guitarra. Empecé a tocar todos los días durante una pechá de horas, hasta el punto de llegar a clase con todo aprendido y bien ensayado. La música se convirtió en mi hiperfoco, en ese lugar donde toda mi inquietud encontraba por fin un sentido y una dirección.
Mirándolo con perspectiva, creo que ahí empezó todo. Antes incluso de entender muchas cosas a nivel técnico, ya sentía que la música me atrapaba de una forma muy profunda. Era disfrute, curiosidad, necesidad. Y de alguna manera sigue siéndolo.
3. Has pasado por formaciones muy distintas: coros de carnaval, música clásica, bandas de rock, grupos de versiones, indie… ¿Qué te ha aportado esa diversidad a la hora de entender la música y tu papel dentro de ella?
Me ha aportado muchísimo, sobre todo perspectiva. Pasar por contextos tan distintos te enseña que la música no es una sola cosa ni se vive de una única manera. Cada estilo, cada proyecto y cada formato te pide algo diferente, y eso te obliga a escuchar, a adaptarte y a entender cuál debe ser tu papel en cada momento.
Esa diversidad me ha ayudado a no encerrarme nunca en una sola etiqueta. He podido aprender del carnaval, de la música clásica, del rock, del pop, de las versiones y de proyectos más personales, y todo eso me ha ido formando no solo como instrumentista, sino como músico en un sentido mucho más amplio.
Además, esta variedad de proyectos me ha permitido conocer a una enorme cantidad de buenos músicos y grandes personas que me han ayudado mucho a crecer en todos los aspectos. Al final, cada experiencia te deja herramientas, sensibilidad, tablas y también vínculos humanos muy valiosos, y todo eso va sumando en la manera en la que uno entiende la música y se coloca dentro de ella.
4. El bajo se convirtió en tu instrumento principal casi por casualidad, cuando te ofrecieron unirte a Paresueltos. ¿Qué sentiste la primera vez que lo tocaste y cuándo supiste que ese instrumento iba a marcar tu camino?
La verdad es que al principio fue un pedazo de marrón. Supuso salir completamente de mi zona de confort y enfrentarme a algo que no tenía previsto. Pero al mismo tiempo lo asumí como un reto y me hizo ilusión que contaran conmigo, sobre todo teniendo en cuenta que yo era bastante más pequeño que el resto del grupo.
Con el tiempo empecé a descubrir que el bajo tenía algo que conectaba mucho conmigo. Me atrajo su papel dentro de la música, ese sitio entre la armonía y el ritmo, esa capacidad de sostenerlo todo sin necesidad de estar siempre en primer plano. Es un instrumento con el que me entiendo muy bien y con el que siento que sé expresar lo que llevo dentro.
No sé si hubo un instante exacto en el que pensé “este va a ser mi instrumento”, pero sí fui sintiendo cada vez con más claridad que el bajo me estaba dando una identidad musical muy definida. Lo que empezó como un marrón y un reto acabó marcando mi camino de una forma muy importante.
5. StereoShack te llevó a otro reto inesperado: la batería. ¿Qué te enseñó ponerte detrás del kit y cómo cambió tu forma de entender el ritmo y la composición?
Fue otro buen marrón, la verdad, pero también un reto de esos que acepté con muchas ganas. Tengo ese punto de no saber decir que no cuando algo me ilusiona o me desafía, y con la batería me volvió a pasar. Era salir otra vez de un lugar cómodo para ponerme a las baquetas y aprender desde otro sitio.
Eso me abrió muchísimo la cabeza. Ya intuía la importancia del ritmo, claro, pero vivirlo desde ahí me hizo entenderlo de una forma mucho más física, más estructural y profunda. Empecé a comprender mejor cómo respira una canción, cómo se impulsa, cómo se sostiene y cómo se administra su energía.
Además, me hizo mejorar como bajista. Entender mejor al batería cambia mucho tu forma de tocar con él. Aprendes a escuchar de otra manera, a colocar mejor las notas, a ser más consciente del pulso y del espacio. Y eso también influye en la composición, porque empiezas a pensar más en conjunto, en el diálogo entre instrumentos y en lo que necesita realmente cada tema.
6. Has mencionado muchas veces la importancia de Fernando Ramos, no solo como músico, sino como amigo y referente. ¿Qué ha significado para ti compartir escenario y aprendizaje con él?
He aprendido muchísimo con Fernando Ramos, tanto en lo musical como en todo lo que rodea al oficio. Compartir escenario y camino con él me dio tablas, disciplina, exigencia y una manera más profesional de entender la música. Además, con él fue la primera vez que trabajé profesionalmente en este mundo, y eso es algo que siempre le voy a agradecer.
También me aportó mucho a la hora de conocer mejor la música española, algo que ha sido importante en mi formación y en mi manera de escuchar, entender y afrontar ciertos repertorios. Hay aprendizajes que te llegan en momentos clave y que se quedan contigo, y en ese sentido compartir aquella etapa con él fue importante para mí.
Al final, más allá de cualquier circunstancia concreta, me quedo con todo lo que pude aprender a su lado y con el valor que tuvo ese tiempo dentro de mi recorrido como músico y como profesional.
7. Otro nombre clave en tu trayectoria es Salvi Martínez, amigo, compositor, guitarrista y cantante, con quien compartiste Rookies. ¿Qué te aportó trabajar con él y qué recuerdas de aquella etapa de creación y carretera?
Salvi es una persona fundamental en mi trayectoria. Es mi mejor amigo, he compartido con él la mayor parte de los escenarios de mi vida, y además de ser un gran músico es un grandísimo compañero de trabajo y un gran amigo. Para mí ha sido una referencia musical muy importante, especialmente por su forma de interactuar con el público y por cómo sabe llevar el show hacia delante.
Trabajar con él siempre ha sido muy enriquecedor porque hay una conexión musical y personal muy fuerte. Cuando tocamos juntos hay frases, partes de canciones y miradas que siempre se repiten, y sabemos perfectamente lo que nos estamos diciendo sin necesidad de hablar. Encima del escenario hay una conexión muy especial entre nosotros, y eso es algo difícil de explicar, pero muy fácil de sentir.
Rookies fue nuestro más preciado juguete, y jugamos con él lo mejor que supimos. Lo recuerdo como una etapa muy viva, de creación, de carretera, de ilusión y de crecimiento. De esas etapas que dejan una huella profunda porque en ellas se mezclan amistad, música y una forma muy bonita de entender el camino.
8. Has vivido etapas muy intensas en bandas de versiones como Los Comix, Retroversión, Mr. Jones o Radio 80. ¿Qué tiene el circuito de versiones que engancha tanto y qué te ha dado a nivel personal?
El circuito de versiones tiene algo muy potente: la conexión inmediata con la gente. Hay una energía muy especial en tocar canciones que forman parte de la memoria de tantas personas. Ves la reacción del público al instante, compartes recuerdos con ellos y se genera una comunión muy bonita.
Además, a nivel musical, es una escuela enorme. Te obliga a ser versátil, a dominar repertorios amplios, a adaptarte a estilos distintos y a mantener un nivel de entrega constante. El directo te curte muchísimo, y las bandas de versiones todavía más. A mí me han dado muchísimas tablas, muchísimas horas de escenario y una barbaridad de vivencias.
Y también creo que conviene decir algo muy claro: a veces hay quien mira este circuito por encima del hombro, como si tocar versiones fuese algo menor o menos digno artísticamente, y me parece una visión bastante pobre e injusta. Defender un repertorio de versiones con solvencia, personalidad, respeto y capacidad real de conectar con el público exige muchísimo oficio. Hacer disfrutar a la gente también es un arte, y no todo el mundo sabe hacerlo. A veces se confunde la pose con la autenticidad, y yo siempre he creído bastante más en los músicos que se suben a un escenario a darlo todo de verdad que en quienes necesitan sentirse por encima de los demás para sostener su discurso.
9. Gracias a la práctica, a la experiencia y a tu formación con tu profesora de canto Almudena, conseguiste mejorar tu voz, ganar seguridad y dar un paso al frente hasta llegar a ofrecer conciertos como frontman y cantante principal en algunas ocasiones. ¿Qué te ha enseñado sobre tu voz y sobre ti mismo ese camino?
Ese camino me ha enseñado muchísimo. Yo jamás me vi cantando. No me gustaba nada mi voz y ni siquiera contemplaba la posibilidad de ponerme al frente de un escenario como cantante principal. En ese sentido, Almudena tuvo un papel muy importante, porque ella siempre creyó en mí incluso cuando yo no lo hacía.
Gracias a su trabajo fui entendiendo que cantar no era solo una cuestión de técnica vocal, aunque por supuesto esa parte fue fundamental. También había un trabajo mental enorme: aprender a confiar, a quitarme prejuicios, a escucharme de otra manera y a permitirme mostrar esa parte de mí.
He tenido la suerte de recibir muy buen feedback de muchísimas personas cuando me han escuchado cantar, y la verdad es que eso ha sido una parte importante del proceso. Yo nunca he terminado de creérmelo del todo, pero escuchar a gente decirme que le encanta mi voz me ha dado una alegría enorme, al mismo tiempo que mucha vergüenza. De alguna manera, fue el feedback de los demás lo que me ayudó a empezar a creérmelo un poco. Almudena consiguió sacar mi voz y hacer que yo fuera capaz de regalársela al público, y eso para mí tiene muchísimo valor.


10. Además de tocar, has ejercido como técnico de sonido, mánager y apoyo logístico para otras bandas. ¿Cómo influye esa mirada “desde detrás del escenario” en tu forma de tocar y de trabajar con otros músicos?
Influye muchísimo. A mí me encanta el sonido, y haber trabajado como técnico de sonido en innumerables ocasiones me ha dado una perspectiva muy amplia de todo lo que ocurre alrededor de la música en directo. Te hace entender mejor el conjunto, valorar más lo que pasa detrás del escenario y desarrollar una mirada mucho más práctica y completa.
De hecho, gracias a esa faceta hoy tengo el trabajo que tengo, así que solo puedo estar agradecido. Además, en mi formación como técnico de sonido ha habido varias personas clave, y eso es algo que valoro mucho. Siempre he creído que los recursos humanos son fundamentales, porque uno aprende de la experiencia, claro, pero también del trato, de la generosidad y de la confianza que otras personas depositan en ti.
Haber estado en la parte técnica, logística y organizativa hace que trabaje con más empatía y con más conciencia de equipo. Entiendes que para que algo funcione no basta con tocar bien: hay muchas piezas que tienen que encajar. Esa experiencia me ha ayudado a ser mejor compañero, a anticiparme a problemas y a valorar mucho más el trabajo invisible que sostiene cualquier proyecto musical.
11. Después de tantos proyectos, estilos, escenarios y aprendizajes, ¿qué lugar ocupa hoy la música en tu vida y qué tipo de retos te gustaría seguir explorando en el futuro?
La música sigue ocupando un lugar vital en mi vida. Es una parte muy profunda de quién soy y algo que me ha acompañado desde pequeño. Lo ha atravesado todo: mi forma de expresarme, de relacionarme con los demás y de entender muchas cosas importantes.
Es verdad que ahora, con el trabajo y con un proyecto de vida muy ilusionante entre manos, quizá no dispongo del mismo tiempo que antes para dedicárselo. Pero eso no significa que haya perdido peso en mi vida, ni mucho menos. La música sigue estando ahí, muy dentro, y sigue siendo uno de los grandes motores emocionales de mi día a día.
En esta etapa quizá la vivo de una manera algo distinta, más compatible con otras prioridades importantes, pero con la misma verdad de siempre. Mi deseo es seguir disfrutándola, seguir tocando, seguir cantando y seguir encontrando espacios donde poder compartirla con ilusión, sin perder nunca la esencia ni el vínculo tan profundo que tengo con ella.
12. ¿Dónde podemos conocer tu trabajo y seguirte en redes sociales?
Pueden seguirme en Instagram, donde comparto contenido relacionado con mi vida musical, actuaciones, proyectos y también parte de mi día a día: @txema_martinez_.
Y si quieren escuchar material publicado, pueden encontrar el disco de Rookies en Spotify. Aunque no cuento con una discografía muy amplia publicada, sí le doy importancia a las redes como una forma de mostrar el camino, mantener el contacto con la gente y dar visibilidad a los proyectos que van surgiendo.

🤣🤣🤣🤣🤣
🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣