Almudena Fuentes
1. Para comenzar, ¿cómo te presentarías a nuestros lectores?
Ante todo muchas gracias, Almudena, por haber pensado en hacerme esta entrevista que, aunque por la distancia entre ambos no puede ser presencial, contestaré con mucho gusto y cariño.
Yo creo que debo presentarme a los lectores como maestro de escuela, pues es la actividad que ha constituido mi profesión durante más de treinta y ocho años (ya estoy jubilado), de entre los cuales, siete cursos completos serví en el Colegio Público Guzmán el Bueno de Tarifa, que tú conoces bien. También me presentaría como un aficionado a la escritura y a la música, pero no como escritor y tampoco como compositor. Yo que nací en Granada y he vivido en ella la mayor parte de mi vida, tengo la suerte de ver en la lejanía las tres grandes cumbres de Sierra Nevada: Mulhacén, Veleta y Alcazaba. Cuando uno coteja su propio tamaño con el de esas moles advierte lo pequeño que es. Y haciendo un paralelismo con respecto a la música a menudo he reflexionado: ¿cuántos autores han escrito páginas que jamás se darán a conocer?, ¿cuántas obras que se han estrenado en algún momento, jamás volverán a escucharse?, ¿cuántos autores han pasado a la Historia de la Música como compositores? y de entre ellos ¿quiénes han sido como las moles de Sierra Nevada? Desde mi punto de vista también tres: Beethoven, Bach y Mozart. Y ahora pensemos en estos tres grandes. ¿Qué se conoce de Beethoven? ¿La sexta sinfonía, la novena, la quinta? ¿Conoce mucho público la primera? ¿Me explico? Ni siquiera de los grandes conocemos su producción. Imagina de los siguientes o de los aficionados.
En 2006 estuve con la Coral Ciudad de Granada en Cádiz, en el seno de su IV Festival de Música Española (Música Sacra en Cádiz en tiempos de la Ilustración). Entre otras se repuso una obra de Juan Domingo Vidal (ca. 1735-1808) que llevaba sin interpretarse doscientos años. ¿Mucho público conoce a Juan Domingo Vidal? ¡Que triste!, ¿verdad? Pues así es, y por eso, porque no puedo compararme con compositores de oficio, prefiero colocarme en mi lugar y definirme como un aficionado. Igualmente te digo para con la escritura. Escribir un libro, como yo he hecho, no me otorga el certificado de escritor.
No obstante cumplo con aquello que el poeta cubano José Martí recomendaba a cada persona observar durante su vida: tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro. La música debería ser también una sugerencia ineludible. Y todas tienen algo en común: son una manera de ‘permanecer’ después de la vida. Nos resistimos a desaparecer tras el último aliento.

2. ¿En qué instituciones o contextos desarrollaste tu formación académica y artística?
Yo estudié los cinco cursos de Solfeo que el antiguo plan educativo contemplaba y simultáneamente comencé el trabajo con piano, en el Conservatorio Victoria Eugenia de Granada. A mediados y finales de los setenta los estudiantes del Conservatorio éramos muy pocos. Para que te hagas una idea, te diré que el señor conserje cobraba los recibos de la Asociación de padres casa por casa de cada alumno.
En España se vivía una coyuntura de transición. Franco acababa de fallecer y el paso a la democracia era inminente. En 1979 aprobé la oposición y en 1980 tenía mi primer destino provisional. Comenzó un periplo por distintos pueblos de la provincia, que duró siete años. Trasladar el piano dos veces al año habría sido destrozarlo. Me vi pues obligado a dejar los cursos de piano y comenzar Armonía. Eso condicionó mi trayectoria completamente. Por un lado, dejar de tocar el piano durante los cinco días que estaba fuera de casa (durante los fines de semana sí estudiaba) originó unas carencias técnicas que nunca se recuperaron. Por otro, el estudio de la Armonía me permitió el acercamiento a las cuatro voces y sus ‘enigmas’. Yo presentaba por duplicado los ejercicios que el profesor nos pedía: el que se ceñía a las normas que estaba estudiando y el que sonaba como yo quería que lo hiciera.
También en septiembre de 1980 entré a formar parte de la Coral Ciudad de Granada y en ella el aprendizaje fue enormemente gratificante y productivo. Decía el maestro Juan-Alfonso García que un coro es “la mejor escuela de música para cualquier estudiante”. Y es absolutamente cierto. Me familiaricé con la música desde el gregoriano hasta la contemporánea. A eso había que agregar que su fundador y director era el compositor José García Román, años mas tarde (1997) Premio Nacional de Música, y a él mostraba yo mis primeros “paseos” por la composición.
Mi labor en Tarifa comenzó en septiembre de 1987. En aquellos momentos la informática estaba aproximándose a la Educación y también me embarqué en esa nave donde la posibilidad de crear programas educativos que facilitaran el trabajo a los alumnos más necesitados y amenizaran el del resto, se apoderó de mí de tal manera que comencé a diseñar programas en BASIC. Algunos de ellos exclusivamente centrados en la música. Recuerdo Tomín y las notas musicales e incluso algunos artículos para revistas educativas como Cuadernos de Pedagogía, Epsilon o la revista local de creación Guadalmesí.
Durante los siete cursos en Tarifa observaba cómo la introducción oficial de la Informática en la escuela se iba diluyendo poco a poco y sin embargo iba tomando cuerpo rápidamente la introducción de la Música como área curricular. Aparecieron las primeras normativas en BOJA y comprendí que era necesario retomar los estudios de piano. Para ello compré un piano electrónico (que años antes no eran tan asequibles ni tan completos) y me puse a trabajar la técnica perdida. Me inscribí en el Conservatorio de Algeciras y tengo a gala haber superado el cuarto curso de piano (Grado Elemental entonces) en dicha localidad. En 1994 regresé a Granada por concurso de traslados como maestro definitivo de Música. Fue en la localidad de Cájar donde serví durante veinticuatro años impartiendo dicha materia en Primaria y primer ciclo de ESO y también Lenguaje en 5.º y 6.º cursos. Regresé de forma estable a la Coral y traté de matricularme en el Conservatorio para proseguir con piano, cosa que no sucedió por mi edad. Con treinta y seis años no me admitieron pues la preferencia era edades muy inferiores. En ese momento se iniciaba vivamente mi formación autodidacta con todos los pros y contras que ello implicaba.
3. ¿Cuándo descubriste tu vocación por la escritura?
La palabra vocación prefiero no usarla, Almudena, porque siempre la he reservado para la enseñanza. Sí puedo hablar de placer por la escritura. En la escuela inventaba historias que narraba de forma oral a los niños y que les fascinaban. Aquellas historias que nunca plasmé por escrito eran vivencias personales o vividas por terceras personas y siempre tenían un pequeño regusto de misterio o de sorpresa. Los alumnos me las devolvían a mí, a veces de forma hablada, a veces por escrito.
Cuando se creó la revista Guadalmesí que he mencionado antes, un buen amigo miembro del equipo de dirección y redacción, me invitó a escribir en la sección de narrativa. Yo sólo le puse una condición: mis escritos irían siempre firmados con seudónimo y deberían pasar el filtro de calidad que la Comisión de selección de trabajos estipulara. Estuve escribiendo relatos cortos para Guadalmesí durante años. Posteriormente, algunos de aquellos relatos y otros más que nunca envié a la revista fueron reunidos y dieron lugar a mi modesto libro.
4. ¿Qué obras o autores consideras fundamentales en tu trayectoria lectora?
Hacer una relación de las obras que me han entusiasmado como lector, que me han cautivado, haría demasiado extensa esta respuesta. Todo el mundo sabe que un factor muy importante para el crecimiento personal es la lectura. ¿Qué leer? Todo lo que te guste. ¿Cuándo? Cuando te apetezca o lo necesites. Ahora bien, como tantas actividades en la vida, creo que un método, un orden, puede resultar de gran utilidad; aunque no siempre, también es verdad. Recuerdo que en mis clases de apoyo a niños necesitados observaba muchísimo sus intereses. No llevaba una lectura preestablecida para que el alumno trabajara conmigo. En algunos casos un alumno prefería un cómic y eso le facilitaba. Recuerdo dos ejemplos concretos que te voy a referir. Uno de aquellos alumnos empezó leyendo conmigo El capitán Trueno y quería más y más y decidió saltar del cómic y le ofrecí adaptaciones de Mío Cid que le interesaban. A otro le leía yo fragmentos del guion de Gladiator y cuando lo veía más interesado me levantaba y le decía que tenía que ir al servicio. Yo, el maestro, tenía que ir al servicio. Y se quedaba ojiplático mirando sin dar crédito a que tuviera que suspender la escucha porque el ‘profe’ iba al servicio.
—No tardo, sigue tú —le decía.
Y se agarraba al libro.
Pero ciñéndome a la pregunta que me planteas te diré que tenemos unas literaturas española y universal, maravillosas. Cervantes, Lope de Vega, Calderón, Quevedo, Góngora, Bécquer, Galdós, Unamuno, Machado, Valle-Inclán, Baroja, Cela, Delibes… Actuales como Santiago Posteguillo, Reverte, Marcos Chicot…
Homero, Tolstói, Dostoievski, Shakespeare, Kafka, Borges, García Márquez, Jane Austen… Para mí, el hecho de leer una obra y necesitar un diccionario al lado para conocer el significado de tantas y tantas palabras que se están perdiendo o directamente están fuera de uso, es algo que me entusiasma. Las apunto y trato de utilizarlas en la medida de lo posible.
Hace unos días, mi nieto mayor que cursa segundo de Bachillerato, me decía que la calificación trimestral en Lenguaje no había sido la que esperaba porque el comentario de texto no le había salido bien. Yo le preguntaba sobre qué autor y obra había comentado y me respondía que no era un clásico, ni un libro. Era un comentario sobre una columna de carácter político publicada en un diario de tirada nacional. Yo sinceramente no daba crédito. O me he quedado absolutamente desfasado o hemos perdido el rumbo, pensé.

5. Tu libro Relatos que tú me inspiraste ha despertado gran interés. ¿Cuál es el hilo conductor de esta obra?
En realidad, Relatos que tú me inspiraste no es un libro en el que se pueda observar un hilo conductor. Se trata de un conjunto de relatos cortos, veintitrés concretamente, de temas variados, reales unos, basados en la realidad otros, donde (y cito palabras textuales que mi propia hija comentó sobre él) “se explora la complejidad de las experiencias humanas. Cada relato nos transporta a lugares y momentos donde el amor, el desafecto, la alegría, la aflicción, lo racional, lo fabuloso… se entrelazan formando un tapiz de vida conmovedor. Si no eres auténtico protagonista de algún relato, es posible que en cualquiera de ellos te veas dibujado. Estas páginas puede que te hagan reír, llorar… o tal vez no; pero te harán reflexionar sobre los caminos que nos conducen a ser quienes somos. No te dejará indiferente”.
Por medio de cada relato medito brevemente sobre la vida, la mezquindad de la política, el amor, la enseñanza…
6. Has publicado artículos sobre música e informática en revistas como Epsilon o Guadalmesí. ¿Qué aspectos destacarías de esos trabajos?
Así es. Se trató de una trilogía donde la música y la informática se apoyaban mutuamente. El primero de los artículos mostraba una rutina de entrada de datos (INPUT) protegida. Sólo se admitían los caracteres que se esperaban y se desechaban los demás. Esto evitaba que el alumno pulsara conscientemente o por error teclas que podrían haber interrumpido el programa al haber contravenido normas expresas del trabajo interno de la propia máquina. Si el alumno iba a trabajar con música, se desactivaban todas las teclas a las que no se les asignaba una función específica.
El segundo de los artículos, Aritmética de la Música por ordenador, mostraba y explicaba una rutina escrita en lenguaje BASIC por la cual los códigos ASCII de los caracteres del teclado, se relacionaban con las frecuencias de las notas musicales. Una fórmula matemática calculaba tales frecuencias (una frecuencia=0 significaba ausencia de sonido, o sea, un silencio) basándome para ello en el temperamento igual. Algo tan sencillo como partir de los 440 Hz de La4, los 880 Hz de La5 y distribuir la diferencia equitativamente entre los doce semitonos intermedios. El mismo procedimiento servía para el cálculo de frecuencias entre La3 y La4, observando eso sí, que el reparto sólo incluía 220 Hz. A continuación, se introducían las duraciones de los sonidos o de los silencios mediante números. La semicorchea se asociaba al 1, la corchea al 2, la corchea con puntillo al 3, la negra al 4, etc. Finalmente se emparejaban frecuencias y duraciones y se hacían sonar mediante la instrucción SOUND. En computadoras Commodore C-64 cuyo microchip podía interpretar tres lineas sonoras simultáneamente, las Invenciones de Bach a tres voces podían ser “interpretadas” con una gracia sorprendente para la época de la que hablamos.
El tercer artículo, Geometría y tonalidad: Música en tres dimensiones, trataba sobre la posibilidad de relacionar el estilo de un autor, su forma de componer, el alma que imprime a su música, con una determinada estructura gráfica que permitiera construir mediante la generación de planos, un tipo de formas geométricas que, produciéndose sobre la creación de un mismo autor y observándose entre ellas similitudes de las que inferir una conclusión formal, nos autorizaran posiblemente a hablar de una Geometría de Bach, de Mozart, de Purcell…
Si los cambios de tonalidad que se producen a lo largo de una obra se pudieran relacionar cada uno con su siguiente mediante un vector, sólo tendríamos que situar en el espacio las 30 modalidades. Para ello me serví del triakontágono, un poliedro arquimediano de 32 caras (12 pentágonos, 20 triángulos equiláteros, 60 aristas y 30 vértices). A cada vértice se le asignaba una tonalidad. El usuario introducía las tonalidades por las que transitaba una obra y el programa informático generaba una sucesión de vectores. Como entre cada dos de ellos se podía dibujar un plano, al final obteníamos una peculiar figura geométrica. Observando muchas figuras generadas por la obra de un mismo autor, podíamos realizar inferencias “estables”.
7. Eres autor del programa educativo Tomín y las notas musicales, pensado para el reconocimiento de notas musicales. ¿Dónde puede encontrarse o consultarse este proyecto?
Este programa lo creé con la intención de que el alumnado se aproximara de una manera lúdica al reconocimiento de las notas musicales escritas en el pentagrama y practicando con un ritmo absolutamente personalizado. Tomín era un pequeño personaje que, desde la terraza de su casa, dejaba caer pentagramas con notas (entre do -1ª línea adicional inferior en clave de sol- y fa -5ª línea del pentagrama en clave de sol-). El usuario debía pulsar la tecla correspondiente a la nota que caía, antes de que llegara al suelo. El teclado debía estar preparado como he explicado anteriormente, es decir desactivando todas las teclas excepto las requeridas por el juego, que estarían encapuchadas con el nombre de la nota (teclas a, s, d, f, g, h, j, k… pegatinas do, re, mi, fa, sol, la, si, do’…). Existían varios niveles de dificultad que permitían al alumno llegar a ser «cinturón rojo superior en notas musicales» (o sea, nivel máximo practicando con todas las notas). La dificultad aumentaba cada seis ensayos correctos. Ello se advertía en la mayor velocidad de caída de la nota. Las rutinas estaban preparadas para dar respuesta a cualquier contingencia (se recordaba, en su caso, que no se podía elegir un número de notas menor de dos ni mayor de once, se avisaba cuando se pulsaba una tecla no «encapuchada», se interrumpía el juego cuando así lo requería el alumno o cuando el número de errores era muy elevado). Una copa de campeón cambiaba de color al aumentar (o disminuir) el nivel de dificultad alcanzado.
Esta aplicación así como todas las programadas con BASIC forman parte de la prehistoria de la informática. Los gráficos eran absolutamente incomparables con la realidad virtual de hoy día. Desgraciadamente en las computadoras actuales no se pueden ejecutar si no se instala PCBASIC.EXE o similar. Yo lo he podido hacer funcionar con Windows 10 y lo muestro en un pequeño vídeo que se puede encontrar en mi blog. La dirección concreta de esa entrada:
https://jubilatio60lgo0918.blogspot.com/search?q=tom%C3%ADn
8. ¿Cómo se inició tu relación con el piano y qué papel ha tenido en tu vida artística?
Desde muy pequeño me llamaron la atención los instrumentos de tecla. Yo manifestaba interés por el piano pero mi familia, muy humilde, no disponía de dinero para comprar uno. En casa hubo un juguete que no tenía mas de dos octavas de extensión. Con él pasaba horas y horas generando canciones conocidas y apuntando su escritura en castellano (sol sol la sol do’ si…). Al tocar le imprimía el ritmo adecuado. También tuve un órgano de cuatro octavas que funcionaba con el aire que un motor generaba. Imagina lo molesto del ruido mientras estaba estudiando.
El hermano de un buen amigo mío estudiaba piano y cuando iba a su casa y lo veía, me parecía imposible que pudiera tocar aquellas obras tan complejas y que tuviera aquella agilidad tan grande.
A partir de disponer de mi Baldwin comenzó todo: el piano, las primeras composiciones, etc. En Tarifa dispuse de un Clavinova, lo que me abrió la posibilidad de explorar alguna música escrita para órgano. Actualmente trabajo con Kawai porque el Clavinova feneció machacado literalmente.
El piano ha sido compañero, amigo, confidente, lo ha sido todo para mí. Sin él no habría podido escribir ni una sola nota.
9. Desde tu experiencia, ¿qué cualidades consideras esenciales en un buen pianista?
Un buen pianista es el resultado de horas y horas de estudio diario desde muy temprana edad, es el resultado de una técnica impecable y una expresividad tal, que cuando interprete su versión, te agarre el alma y no la suelte. Debe ser versátil, disponer de un importante repertorio, de una gran capacidad de improvisación, de adaptación a diferentes medios… Si a eso le añadimos que sea una persona sencilla, cercana, nada excéntrica…
Para mí los más grandes han sido o son actualmente Vladimir Horowitz, Glenn Gould, Martha Argerich, Daniel Barenboim, Khatia Buniatishvili o Yuja Wang.
10. Durante tres décadas formaste parte de la Coral Ciudad de Granada, donde se estrenaron varias de tus composiciones —desde obras corales en hebreo y latín hasta piezas para piano, quinteto de viento o himnos institucionales—. ¿Qué consejos ofrecerías a quienes desean iniciarse en la composición?
Ingresé en la Coral Ciudad de Granada en septiembre de 1980 y estuve cantando hasta septiembre de 1987 que se produjo mi incorporación al colegio de Tarifa. Me marchaba con la experiencia de haber aprendido con José García Román y de haber sido dirigido por un músico excepcional. Es verdad que el contacto con la Coral nunca lo perdí pues aquellas intervenciones que se llevaban a cabo en fechas que me permitían estar en Granada, no las dejaría pasar. Yo pedía las partituras para estudiarlas por mi cuenta en Cádiz, aun a sabiendas de que no podría cantarlas.
Regresé a Granada en 1994, reingresé en la Agrupación y permanecí en ella hasta 2014.
La Coral estrenó varias de mis obras. Algunas escritas a capella y otras para ser interpretadas junto a orquesta de cuerda. La que tú mencionas (en hebreo y latín), De Septem Verbis a Christo in Cruce Prolatis (sobre las Siete Palabras pronunciadas por Cristo en la Cruz), estaba escrita en esas dos lenguas. La voz de Cristo (hebreo) era interpretada por las voces graves a una sola parte, a dos o a cuatro. El coro completo cantaba en latín así como los evangelistas (voces solistas).
Las obras para piano, para quinteto de vientos o sólo para orquesta, se estrenaron al margen de la Coral, naturalmente. El Himno de Cájar se estrenó con un coro del pueblo, una selección de voces de mi propia Coral y con la Banda de música de la misma localidad.
¿Qué consejos ofrecería yo a quienes desean iniciarse en la composición? Pues los mismos que el maestro García Román me daba a mí. Todos los días hay que escribir, hay que ser capaz de modificar todo aquello que no te satisface plenamente aun sabiendo que tocando un acorde se “caen” irremediablemente todos los que vienen detrás. Hay saber guardar una partitura en un cajón y sacarla semanas más tarde, volverla a escuchar y como he dicho, asegurarse de que eso es lo que quieres. En caso contrario, goma de borrar y a reescribir. Hay que ser respetuoso con las normas de la armonía, sobre todo cuando se comienza. Luego uno mismo va adaptando lo aprendido a su propia expresión.
11. ¿En qué proyectos creativos o profesionales estás trabajando actualmente?
Actualmente estoy revisando obras de hace tiempo, quiero cerrar carpetas que se abrieron hace años y aún siguen abiertas. También estoy concluyendo otro libro en el que llevo trabajando tres años: La enseñanza pública en Cájar a la luz de los documentos encontrados.
12. Finalmente, ¿dónde pueden nuestros lectores seguir tu trayectoria y acceder a tus obras?
Relatos que tú me inspiraste se puede encontrar en Amazon. Mis obras musicales no están editadas, o sea que no se pueden adquirir en comercios especializados. Si algún grupo me pide una partitura para interpretarla, yo se la paso gustosamente y listo.
Desde hace siete años mantengo un blog en el que trato temas diversos generalmente relacionados con el arte o la enseñanza. Desde que trabajo en el libro al que me he referido antes, el blog está un poco relegado. Se llama blog de un maestro jubilado y su dirección es https://jubilatio60lgo0918.blogspot.com/
