Entrevista al escritor Sebastián G. Sancho

Un tipo con bigote y con cara de antiguo. Ahora en serio, me considero una persona tranquila, de carácter calmado, pero a la vez repleto de inquietudes. En un sentido más filosófico, soy alguien en búsqueda constante del autoconocimiento; contradictorio en muchos aspectos, de ideas abiertas, pero, a la vez, de convicciones claras. Y, yéndome a lo puramente terrenal, un apasionado de la música, la literatura, el amor y la amistad.

Siempre he odiado los currículums, porque no considero que hagan justicia al verdadero conocimiento de nadie, tanto para bien como para mal. Pero, para no evadir la pregunta, diré que la primera parte de mi vida fue meramente técnica, y que soy Técnico Superior en Electrónica Industrial, entre otros títulos, de los cuales nunca he ejercido. La segunda etapa, me especialicé en Seguridad Pública. A día de hoy soy especialista en Seguridad Ciudadana, especialista también en Fiscalidad y Fronteras, y Máster en Dirección de Seguridad. Sin embargo, suelo presentarme como ilustrador, músico y escritor y, en ocasiones, speaker de veladas de boxeo.

No lo recuerdo con exactitud, porque empezó bien pronto. Desde la infancia me gustaba crear historias, no solo a nivel literario, sino como guiones de cómics. Recuerdo que disfrutaba enormemente cuando en el colegio nos enviaban como tarea hacer una redacción o, mejor aún, contar una historia de nuestra propia invención. Mi primer libro, el cual tiene un valor literario bastante cuestionable, lo terminé con catorce o quince años. Así que, al igual que el dibujo, es algo que prácticamente nació conmigo.

Adoro el romanticismo español, especialmente a Emilia Pardo Bazán y Gustavo Adolfo Bécquer. Del mismo modo, también me han influenciado los autores H. P. Lovecraft y Carlos Ruiz Zafón. De todos ellos adoro no solo lo que cuentan, sino cómo lo cuentan. Sin embargo, el autor al que más he leído con diferencia es a Alberto Vázquez Figueroa, supongo que por esa facilidad que tiene para sacar historias de la nada y escribirla con esa sencillez que es a la vez tan compleja de llevar a cabo.

Ambas son historias inquietantes, complejas y crudas. Creo que es el sello que mejor me caracteriza. La Cuna de Tejo es una novela de terror gótico ambientada en un cortijo andaluz de finales del siglo XIX. Se trata de una novela coral en la que todos los personajes que viven en ese cortijo palaciego esconden secretos inconfesables. Una serie de desgracias comienzan a acaecer en la casa, sin que tengan claro si son obra de la Mano Negra —organización clandestina criminal de corte anarquista— o si están siendo perpetradas por alguien de la propia casa. A medida que transcurre la novela, las tornas cambian y piensan que hay algo sobrenatural que lo está llevando a cabo y que tiene que ver con el tejo milenario que se halla plantado en los jardines del cortijo. 

Mi siguiente novela, Doppelgänger, trata sobre un soldado alemán recluido en un sanatorio mental en la Alemania Nazi tras recibir un disparo en el frente y perder por completo la memoria. La historia transcurre entre los horrores ya no de la guerra, sino de la sociedad que ha decidido esconder las miserias de sus familiares y vecinos enfermos y, cuando no usarlos como mano de obra esclava, directamente exterminarlos. En este contexto, el protagonista tratará de recuperar sus recuerdos para saber quién era en realidad y, sobre todo, quién quiere ser.

No tengo palabras para describir lo que sentí. Nunca he sido amigo de los certámenes, porque lejos de impulsarme, suelen desmotivarme al entrar en una suerte de competición con algo que, en realidad, lo hago solo por pasión. Sin embargo, con Riverside fue diferente. Algo en mi interior me decía que tenía que hacerlo: es un certamen en mi ciudad, organizado por personas comprometidas e íntegras a las que siempre he admirado, y era mi oportunidad de lanzarme a un género que siempre había evitado, quizá porque, por mi profesión, es algo que está demasiado en mi día a día. Así que fue, como puedes imaginar, una enorme alegría y un impulso moral muy importante para seguir haciendo lo que hago.

Desde el primer programa nos hemos presentado como una reunión de amigos en torno a la cerveza que el tiempo y la distancia nos negó. Por diferentes motivos, los tres residimos en lugares distintos, compartimos aficiones y nos encanta debatir sobre ellas, pero, obviamente, no teníamos oportunidad de hacerlo en persona. Así que decidimos hacerlo a través de una webcam. Y así fue como surgió la idea de grabarlo, hacerlo de un modo más ordenado y darle vida a un podcast.

En el programa analizamos mayormente series, cine y novelas, aunque tienen mucha cabida la perspectiva histórica y filosófica. Pero si algo caracteriza a Voces de Metrópolis es que, como buena reunión de amigos, está plagada de humor y de carga gaditana.

Hacemos Rock y Blues, aunque también tocamos el swing y cualquier género de la familia que nos haga querer mover los pies. Nuestras canciones son en español y ahora estamos en plena grabación de el que será nuestro primer disco. No obstante, ya hemos lanzado cinco temas en distintas plataformas como Spotify, Apple Music, Youtube Music, etc., además de dos videoclips que ya se pueden ver en Youtube en nuestra cuenta de El Vigía Oficial. 

Mi cabeza no para —cosa que tampoco es bueno del todo—, y además de los proyectos con El Vigía y Voces de Metrópolis, ya estoy acabando la que será mi tercera novela, inspirada precisamente en el relato con el que gané el Riverside. También he comenzado ya la que será la cuarta, aunque esta está mucho menos avanzada. Y por último, a través del blog Mi Experiencia Como Escritor, de el también escritor Leonardo Jiménez, hemos lanzado el Certamen Literario 100 de 100; un concurso modesto pero realizado con mucha ilusión y mucho cariño. 

Es una opción muy válida para quien quiere controlar de principio a fin todos los parámetros de su obra sin pasar por un proceso editorial. También da la oportunidad de plasmar por escrito esas obras que, simplemente por motivos editoriales, que no de calidad, no han pasado un proceso selectivo. En este bloque, por ejemplo, puedes encontrar obras de una enorme calidad, cuidadas al detalle y dignas de cualquier editorial potente como puedan ser las del mencionado Leonardo Jiménez. Sin embargo, creo que esto ha llevado a una sobre explotación de la auto publicación, y esto conlleva que sea difícil discriminar obras de calidad con respecto a otras que ni siquiera han tenido la delicadeza de pasarlas por un corrector ortotipográfico. 

En mi caso, prefiero ponerme en manos de una editorial tradicional que controle la distribución y publicidad.

A través de mis redes sociales, todas con el nombre de Sebastián G. Sancho o mi propio blog http://sebastiangsancho.com

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