Almudena Fuentes Puntas

- Para quienes aún no te conocen, ¿cómo te definirías como persona y como escritor?
Me considero una persona imaginativa, observadora y perseverante. Cuando algo me importa, me implico mucho, y con la escritura me ocurre precisamente eso. Me interesa entender a las personas, incluso cuando sus decisiones resultan difíciles de comprender.
Como escritor, disfruto creando historias con una atmósfera marcada y personajes que tengan contradicciones. Puedo escribir sobre dioses, sobre una investigación o sobre un lugar inquietante, pero siempre busco que exista una emoción reconocible detrás: el miedo a perder a alguien, la culpa, el amor o la necesidad de empezar de nuevo.
- ¿Qué formación o experiencias han influido más en tu desarrollo literario?
Mi aprendizaje está muy ligado a la práctica: escribir, releer, corregir y aceptar que una historia puede necesitar muchas vueltas antes de encontrar su forma. Revisar mis propios textos me ayuda a reconocer lo que funciona y lo que todavía necesito mejorar.
También considero muy valiosa la mirada de los lectores. A veces uno conoce tan bien a sus personajes que da por explicadas cosas que aún no están en la página. Escuchar esas observaciones permite ganar claridad y profundidad. Y después está la vida cotidiana: una conversación, un gesto o una reacción pueden convertirse en el comienzo de un personaje.
- ¿Qué lecturas recomendarías a quienes desean mejorar su escritura y encontrar su propia voz narrativa?
Recomendaría combinar libros sobre escritura con novelas de géneros diferentes. Mientras escribo, de Stephen King, puede ser una buena puerta de entrada para reflexionar sobre el oficio y sus herramientas. También propondría leer El señor de los anillos, de Tolkien, prestando atención a la construcción del mundo, y La verdad sobre el caso Harry Quebert, de Joël Dicker, fijándose en cómo se organiza el misterio.
Sobre todo, aconsejaría leer con curiosidad: volver a una escena que nos haya emocionado e intentar comprender cómo lo consigue. La voz propia se va formando cuando lo que aprendemos de otros pasa por nuestra manera particular de mirar y contar las cosas.
- ¿Recuerdas el momento en que decidiste que querías convertirte en escritor? ¿Qué historias marcaron tus primeros pasos en la literatura?
Siempre he querido ser escritor. Desde los nueve años llevo imaginando historias y contándoselas a los demás. Mi abuelo tuvo un papel muy importante en esos primeros pasos: con él leí mucho y también le contaba las historias que me venían a la cabeza. Siempre he tenido mucha imaginación, y aquellas lecturas y aquellos momentos compartidos con él están muy unidos a mi deseo de escribir.
Lo que más me gusta es contar mis historias a la gente, compartir lo que imagino y conseguir que alguien se interese por esos personajes y por lo que les sucede. Esa ilusión me acompaña desde niño. Ahora la llevo a mis novelas, pero nace del mismo lugar: de las ganas de contar una historia y de tener a alguien al otro lado que quiera escucharla.
- Tu obra Danza de dioses ha conquistado a muchos lectores por su universo mitológico. ¿Cómo nació la idea de crear un mundo donde dioses y mortales comparten destino?
La idea parte del deseo de crear una mitología propia en la que los dioses estuvieran ligados a fuerzas esenciales como la ira, el amor, el miedo o la muerte. Me interesaba imaginar qué ocurriría si esos seres, con todo su poder, también sintieran culpa, se equivocaran o necesitaran ser perdonados.
Al compartir mundo con los mortales, sus decisiones adquieren consecuencias muy concretas: afectan a familias, ciudades y generaciones enteras. Ahí aparece buena parte del conflicto de la novela. Kael, por ejemplo, encarna la ira, pero su historia también plantea hasta qué punto podemos decidir qué hacer con aquello que forma parte de nuestra naturaleza.
- Además de la fantasía, has explorado el suspense y el terror psicológico. ¿Qué te atrae de los rincones más oscuros de la mente humana?
Me atraen las contradicciones y la facilidad con la que una persona puede justificarse a sí misma. La distancia entre lo que alguien hace, lo que cuenta y lo que necesita creer sobre sus propios actos ofrece muchísimo material narrativo.
También me interesa esa inquietud que aparece cuando algo cotidiano deja de parecernos seguro. Una conversación cambia de significado, un recuerdo no encaja o alguien cercano empieza a resultar desconocido. El suspense permite trabajar esa incertidumbre poco a poco y hacer que el lector participe, sospeche y revise sus propias conclusiones.
- ¿Qué otras novelas has escrito? ¿Podrías hacernos una breve sinopsis sobre ellas?
Además de Danza de dioses y Objetivo dañado, he trabajado en El cuaderno del inocente, una novela de misterio que gira alrededor de una desaparición. Veinte años después de que su sobrino Daniel desapareciera, Julio Álvarez recibe un cuaderno sin remitente que contiene información que nunca apareció en el expediente. Junto a la inspectora Miriam García, tendrá que regresar a un pasado que muchas personas preferirían mantener cerrado.
Dentro de la fantasía, he continuado desarrollando ese universo con Los hijos de la ira, donde una nueva generación hereda los conflictos y las consecuencias de las decisiones de los dioses. La aparente paz del primer libro resulta mucho más frágil de lo que parecía.
También está La última llama, la tercera entrega de la saga, en la que estoy trabajando para llevar más lejos los conflictos del mundo y de sus personajes.

- Tu nueva novela Objetivo dañado supone una colaboración con Conchi Fernández Torres. ¿Cómo surgió la idea de escribir juntos esta historia?
Tenía muchas ganas de escribir una novela con Conchi porque me atraía especialmente la profundidad con la que transmite los sentimientos. Sentía que esa capacidad podía aportar mucha fuerza a un thriller psicológico y llevar la historia a otro nivel.
En Objetivo dañado, las emociones de los personajes tienen un peso fundamental: sus miedos, sus vínculos y la manera en que afrontan lo que les sucede. Quería que el lector pudiera sentir esos conflictos, que le afectara lo que estaba leyendo. Por eso pensé en Conchi para esta colaboración: su sensibilidad encajaba con la intensidad emocional que quería conseguir en la novela.
- ¿Qué ha aportado Conchi Fernández Torres al proceso creativo que quizá no habría aparecido en una novela escrita en solitario?
Conchi ha aportado una mirada distinta a la mía y una sensibilidad que permite profundizar en lo que sienten los personajes. Cuando escribes solo, es fácil acostumbrarte a tu propia interpretación. Compartir el proceso te ayuda a descubrir matices y a replantearte decisiones que parecían evidentes.
También destacaría la posibilidad de contrastar ideas. Una propuesta encuentra una respuesta que quizá no habrías imaginado, y la historia crece a partir de ese intercambio. Para mí, tiene mucho valor que una novela pueda sorprender también a quienes la están escribiendo.
- Objetivo dañado parece moverse en el territorio del suspense psicológico y los secretos ocultos. ¿Qué puede encontrar el lector en esta nueva propuesta?
El lector encontrará una historia de suspense psicológico en la que el pasado y los secretos pesan sobre el presente. Adrián, un fotógrafo marcado por una pérdida, ocupa un lugar central en una trama donde las apariencias pueden resultar engañosas.
La investigación y las relaciones entre los personajes van abriendo preguntas y cambiando el sentido de lo que el lector creía saber. Me gustaría que quien se acerque al libro disfrute elaborando sus propias teorías, pero que también sienta el peso emocional de lo que sucede y de sus consecuencias.
- Un personaje propio con el que compartirías una conversación.
Elegiría a Kael, de Danza de dioses. Me interesa especialmente la tensión entre el poder que posee y aquello que le cuesta comprender de sí mismo.
Hablaría con él sobre la responsabilidad, sobre lo difícil que puede resultar cambiar y sobre las cosas que teme perder. Me gustaría escucharlo en un momento de calma, cuando no tuviera que responder como un dios ni prepararse para una batalla. Creo que ahí aparecería una conversación muy distinta.
- ¿Qué te gustaría que permaneciera en la memoria del lector después de cerrar la última página de cualquiera de tus libros?
Me gustaría que permaneciera algún personaje, una decisión difícil o una emoción. Que, tiempo después, el lector recordara una escena porque le hizo sentir algo o le dejó una pregunta abierta.
Disfruto construyendo misterios y mundos, pero me importa mucho el vínculo que se crea con quienes los habitan. Si al terminar un libro alguien siente que va a echar de menos a uno de sus personajes, para mí eso tiene un valor enorme.
- ¿Qué proyectos futuros tienes?
Quiero seguir desarrollando el universo de Danza de dioses, con Los hijos de la ira y el trabajo de revisión de La última llama. Es un mundo al que todavía tengo mucho que dedicar.
También estoy trabajando en El cuaderno del inocente y desarrollando proyectos de terror, como Valdemora, donde la búsqueda de una hermana desaparecida lleva al protagonista hasta un pueblo del que resulta muy difícil escapar.
Me interesa seguir explorando distintos géneros y dedicar a cada historia el tiempo que necesita para llegar bien al lector.
- ¿Dónde podemos encontrarte en redes sociales?
Podéis encontrarme en Instagram como @j.m.romeroautor y en TikTok como @j.m..romero. Allí comparto novedades de mis libros, contenido relacionado con sus historias y parte del proceso de creación.
También me gusta conocer las impresiones de los lectores y descubrir sus teorías. Es muy especial ver cómo una historia que has escrito empieza a vivir de otra manera en quienes la leen.
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Yo personalmente puedo decir que he leído Danza de Dioses , espectacular libro , la imaginación de cada personaje , además fuera de que sea buen escritor , como persona puedo decir que tiene una sensibilidad , empatía …. Estoy a la espera de su último libro Objetivo dañado junto a Conchi Fernández que son dos fantásticos escritores .. Gracias a los dos por ser como sois
Nada mas apasionado que sentir ese personaje que te lleva hacia lugares inimaginables, y a la vez, te permite volver a ti.
Gracias por compartir un rincón de tu interior J.M Romero .