1. ¿Cómo es Ian Lorens en su vida cotidiana?
Soy alguien muy normal, un autónomo de los que no salen en las noticias. Una persona que se levanta cada mañana con la disciplina de quien sabe que su bienestar y el de los suyos dependen de su propio esfuerzo. Mi día a día consiste en cumplir con mis obligaciones, afrontar los retos que vengan y trabajar duro para aportar un sueldo estable a mi casa. Sin grandes pretensiones, pero con la satisfacción de quien construye su camino paso a paso.
2. ¿Cuál ha sido tu recorrido formativo hasta llegar a la escritura?
Lo mío ha sido un recorrido muy personal, forjado a base de realidad y de lecturas. Como suele decirse, mi primera escuela fue la calle; ahí aprendí lo que nadie te explica en los manuales. Pero también aprendí de esos escritores que te inyectan el gusanillo de la curiosidad y te enseñan a soñar despierto. Al principio, uno intenta imitarlos, buscando refugio en sus palabras, hasta que comprendes que la verdadera meta no es ser como ellos, sino usar lo aprendido para marcar tu propio camino y contar tu propia verdad.


3. ¿Qué obras han marcado tu manera de mirar y contar el mundo?
Soy un hombre de a pie, un autónomo que conoce bien el peso de la responsabilidad y el valor de cumplir, día tras día, para sacar adelante a los suyos. Mi escuela no han sido las academias, sino la calle y esas lecturas que, en los momentos de descanso, te permiten volar lejos de la rutina.
Sé que son palabras mayores, pero mi brújula literaria apunta siempre hacia Carlos Ruiz Zafón; de él aprendí que las ciudades tienen alma y que los libros esconden secretos que esperan ser descubiertos. En las distancias más cortas y sentimentales, me pierdo en la elegancia narrativa de María Dueñas y en esa vitalidad arrolladora de Megan Maxwell, que sabe conectar con las emociones más directas y reales.
Presentar este trabajo es, para mí, como ver nacer a un primer bebé. Es ese instante de vértigo absoluto en el que te preguntas si tu voz tiene un sitio entre los grandes o si serás capaz de emocionar a un extraño. Al escribir estas líneas, he desnudado mi alma, dejando atrás los miedos para intentar marcar mi propio camino. Al final del día, mi única ambición no es la gloria, sino sentir que he logrado estar, aunque sea solo un poco, a la altura de quienes me leen
4. La rosa del Norte fue una de tus primeras obras en ganar lectores fieles. ¿Qué significó para ti ese libro y qué lugar ocupa hoy en tu trayectoria?
Este libro es, en esencia, mi primer bebé. Es la primera vez que me sitúo frente al espejo y me enfrento a esa tesitura que todo autor conoce bien: la duda de si realmente valgo para esto. Al escribir, uno no solo junta palabras; abres el alma de par en par, te expones y dejas que otros caminen por tu interior. En este punto el ego desaparece y lo único que queda es el deseo humilde de estar a la altura de quien me lee, esperando que mis historias encuentren un refugio en su memoria.
5. En Y de repente, tú… exploras el impacto de los encuentros inesperados en la vida. ¿Cómo surgió la idea y qué querías transmitir sobre el azar y las decisiones?
Esta novela supuso un desafío de una escala completamente distinta: 620 páginas tejidas con historias que invitan al lector a navegar por esos momentos inolvidables que marcan las distintas épocas de una vida. Si con mi primer libro el gran reto fue vencer el pudor y mostrar al mundo que quería dedicarme a escribir mis sueños, con esta segunda obra la perspectiva cambió por completo.
Al sumergirme en una trama de tal envergadura, comprendí que lo que empezó como un hobby se había transformado en algo mucho más profundo. Me di cuenta de que mi voz tenía largo recorrido y que todavía me quedaban muchísimas cosas por explicar, historias latentes que pedían paso y una necesidad real de conectar con la memoria y las emociones de quienes se asoman a mis páginas. Ya no se trataba solo de soñar, sino de construir un mundo propio.
6. Tu novela ¿Qué vas a hacer con tu vida? plantea una pregunta que muchos lectores sienten como propia. ¿Cómo trabajaste ese tono íntimo y casi confesional que caracteriza la obra?
Me apasiona esa pregunta, porque en el fondo es el motor de cualquier creador: todos convivimos con la duda. Sin embargo, fue precisamente esa incertidumbre la que me empujó a atreverme de nuevo, volcándome en una historia de más de 600 páginas que ha acabado siendo el espejo de mi evolución como escritor.
En esta obra he querido ir más allá de los sueños iniciales para construir una arquitectura emocional mucho más compleja. Es una novela que nace de una intrigante cita a ciegas, pero que pronto se ramifica en temas tan necesarios como el empoderamiento femenino, tejiendo una red donde el amor convive con la tensión del suspense y el ritmo vibrante del thriller. Con este segundo proyecto, no solo me permití mostrar al mundo mi crecimiento; me permití demostrarme a mí mismo que tengo historias profundas, oscuras y luminosas que merecen ser contadas con todo el peso de la realidad.
7. En ¿Os he dicho que odio la Navidad? mezclas humor, crítica y emoción. ¿Qué te llevó a abordar una festividad tan cargada de expectativas desde una mirada tan personal?
Sí. La escritura siempre me guarda sorpresas, como aquel reto inesperado en plena entrevista. Me desafiaron a crear, casi de la nada, una historia navideña que tuviera como protagonistas a las propias entrevistadoras. Fue un ejercicio de pura improvisación y creatividad que terminó siendo un éxito. En esas páginas cortas pero intensas, logré destilar la esencia de las fiestas: una mezcla vibrante de humor, romance y esos pequeños milagros cotidianos que solo ocurren bajo las luces de Navidad. Dicen que el resultado fue genial, y para mí fue la confirmación de que, cuando dejas fluir la imaginación, no hay reto pequeño.
8.Muchos lectores destacan que tus personajes parecen personas reales, con dudas, heridas y contradicciones. ¿Cómo construyes esa humanidad en tus protagonistas?
Soy un hombre normal, un autónomo que conoce bien el valor del esfuerzo diario para sacar adelante a su familia. Pero tras esa fachada de responsabilidad, late el corazón de un escritor que aprendió de la calle y de los grandes maestros como Zafón, Dueñas o Maxwell.
En cada una de mis obras hay un pedazo de mi alma; esa línea delgada donde la ficción y la vida se abrazan. A mis 64 años, con la maleta llena de experiencias, me siento un escritor emergente con más ganas de crear que de rendirme. Tras el vértigo de mi «primer bebé» literario y el desafío de novelas de más de 600 páginas donde el amor se cruza con el thriller y el empoderamiento, hoy me encuentro terminando mi octava novela.
Me propuse el reto de llegar a diez, y aunque el camino es largo, la pasión es mi motor. Empecé a escribir para dar forma a mis sueños y ahora que vivo dentro de ellos, solo os pido una cosa: si veis que tengo razón, por favor, no me despertéis de este hermoso sueño.
9. Vienes de un entorno familiar y laboral muy distinto al literario. ¿De qué manera crees que ese origen ha influido en tu forma de mirar el mundo y contarlo?
A veces me preguntan de dónde nace esta necesidad de escribir y, sinceramente, no tengo una respuesta clara. Quizá hay algo en la sangre —tuve un tío cantante—, aunque dudo que el arte se herede de forma tan directa. Lo que sí sé es que siempre he tenido la costumbre de soñar despierto, de construir mundos mientras la vida seguía su curso.
Mi primer encuentro real con las letras fue casi accidental, durante la mili; allí, entre la disciplina y el silencio, descubrí que la poesía me servía de refugio. Supongo que una cosa me llevó a la otra, un verso me llevó a una página y esa página a una historia. Hoy, a mis 64 años, ese «hobby» se ha convertido en mi motor vital: me pasaría días enteros, sin descanso, dándole forma a mis sueños sobre el papel. Es mi manera de estar vivo.
10. Has optado por la autoedición, un camino que exige valentía y constancia. ¿Qué aprendizajes te ha dejado este proceso y cómo ha moldeado tu relación con tus lectores?
Como todo aquel que empieza desde cero, mi primera opción fue la autoedición. Al aterrizar en este mundo literario te sientes perdido, sin un mapa que te guíe entre tantas editoriales. Sin embargo, esta vía me abrió las puertas: permitió que sellos editoriales apostaran por mi voz a través de un modelo de coedición, donde ambas partes asumimos el riesgo y el coste. Fue la forma de tomar las riendas de mi carrera y demostrar que mis historias tenían un público esperando. Al final, más que un gasto, fue la inversión necesaria para transformar mis sueños en libros reales que hoy están en manos de los lectores.
11. ¿Qué proyectos futuros tienes?
Este año viene cargado de nuevas historias y, si Dios quiere, verán la luz dos nuevos proyectos que significan mucho para mí. El primero es «Alma: lo que sus ojos escondían», mi quinto «bebé». En ella me sumerjo en el terreno de lo paranormal, construyendo una trama donde el suspense y el pulso del thriller se entrelazan con una historia de amor profunda, de esas que dejan huella.
Pero mi camino literario no se detiene ahí. Le seguirá «Segundas oportunidades», una obra necesaria sobre la superación femenina. Es un relato valiente que afronta la dura realidad de los malos tratos, pero enfocado siempre hacia la esperanza y el renacer de la mujer. Como siempre digo, el amor es el motor de mis páginas y eso es algo innegociable; porque incluso en las historias más duras, el corazón siempre tiene la última palabra.
12. ¿Dónde podemos encontrarte en redes sociales? ¿Tienes página web?
Si, tenemos web y como siempre las vías normales de las plataformas de Amazon, Fnac, Corte Inglés.
