
Llegada la terminación del verano y concretamente, la culminación de las vacaciones estivales, aparece como referencia un malestar genérico con síntomas tanto físicos como psíquicos que se localizan principalmente en menores de 45 años, como también aparecen en los niños en la vuelta al colegio. Este síndrome denominado postvacacional, algunos lo catalogan como un mito porque aparece cansancio generalizado, fatiga, falta de sueño, dolores musculares, falta de apetito y unos síntomas psíquicos como irritabilidad, tristeza, falta de interés o nerviosismo. Es decir, que el optimismo tras las vacaciones pierde su interés y entramos en una época donde no sabemos si existe o no realmente estos “padecimientos”, o si es algo inexplicable que termina con una baja médica y fármacos especiales para la salud mental y para atender este síndrome de moda.
Como enfermedad, los médicos no lo diagnostican, pues no hay criterios específicos para los trastornos mentales y el síndrome postvacacional no figura entre los cuadros que la psiquiatría posee. Es decir, que es un cuadro de síntomas y que te apartan temporalmente de la adaptación de la persona al trabajo. Sobre esto, se ha escrito mucho. De hecho, hay estudios donde determinan este síndrome como culpable a las vacaciones tenidas que hicieron disminuir el agotamiento, pero que posteriormente, fue aumentando tras la reincorporación laboral, algo que en muchos casos desaparece en tres semana porque a muchos trabajadores se les observaron mejoras en salud y bienestar durante las vacaciones cortas, lo que pone de manifiesto que en vacaciones largas es en donde realmente el síndrome hace mella.
Para acabar con esta situación se cree que la desconexión psicológica parece ser una pieza clave. Es decir, el recuperar el trabajo, trabajar de nuevo y pensar en otras cosas nos libera de ese malestar que se nos viene encima cuando volvemos a meternos en la rutina diaria, pero es fácil oír que la vuelta al trabajo, recuperar horarios y obligaciones, estrés en las funciones a desempeñar y la presión de los jefes encima de cada trabajador hace en algunas personas que añoren permanentemente las vacaciones, porque es como un escape de la vida diaria que se tiene en el trabajo.
Por tanto, el síndrome hay que afrontarlo de forma progresiva para que se regrese de las vacaciones pensando en el disfrute que ha tenido dicho periodo y no como añoranza de algo que no vuelve y que nos mete en la rutina de una vida llena de horarios y hábitos e intentar no volver de golpe a toda la rutina anterior a las vacaciones se tenía, porque el trabajo no se puede asociar, como ocurre, con algo que tiene malestar, ya que la vuelta al día a día es verdad que también es renunciar a los espacios de ocio y disfrute, pero no es algo que te abrume y te haga un ser depresivo y lleno de ansiedad. El terminar las vacaciones no es un piloto automático que nos ayuda a hacer las cosas casi sin pensar, es todo lo contrario, mantener nuevas emociones, no pensar que he entrado en una enfermedad y menos ser un hipocondriaco que está bañado de cuadros de ansiedad, temor y angustia, porque con eso no se conduce a nada y podemos encontrarnos con un bajo rendimiento en el trabajo donde si darnos cuenta no seamos capaces de ejercer la profesión que teníamos y lo que es peor, vernos con un despido por falta de rendimiento y entonces es cuando de verdad interviene salud mental para llenarte de pastillas y apartarte de la vida social. En definitiva, no es bueno alargar las vacaciones hasta el día anterior de empezar a trabajar, por lo que se recomienda volver de vacaciones un par de días antes para la adaptación a la rutina y comenzar nuevamente los hábitos de sueño y comida, sin olvidar que es bueno desarrollar alguna actividad de ocio que sea compatible con el trabajo como normalmente algunos encuentran su salvación en el gimnasio.
Por todo, observaremos que cada uno debe preguntarse si los síntomas empezaron coincidiendo con la vuelta a la rutina, si sigue pudiendo trabajar o estudiar en tus actividades habituales aunque te cueste más y después de varios días adaptarte a la rutina del trabajo. Si no coincide con esto, no estás en un síndrome postvacacional, estás de verdad ante una depresión o ansiedad que es como hoy este síndrome se confunde.
Todo lo dicho es claro que no afecta al trabajador autónomo porque este es el que no tiene vacaciones, ni horarios, ni calendarios, es el que trabaja día y noche, mantiene una pequeña empresa o una profesión donde para ellos no existe más que el trabajo y poder cobrar si le pagan a final de mes, por lo que pensar que un autónomo puede tener síndrome postvacacional es como creerse que la empresa o profesión que ejerce recibe diariamente un regalo de una entidad bancaria o ponerse a ver la cabalgata de los Reyes Magos y que dentro de los caramelos que tiran le venga una bonoloto premiada, porque ni la IA ni lo que no sea trabajar y levantarse por las mañanas muy temprano, nada tiene que ver con este síndrome y que no se le ocurra darse de baja por enfermedad, porque para él el absentismo ni lo conoce ni sabe lo que es. Pobre autónomo!.
Fdo.: José Blas Fernández Sánchez.

Es cierto, muchos creen que el síndrome lo ocasiona la añoranza de unas vacaciones, pero es verdad que no es una enfermedad, para muchos son las pocas ganas de trabajar y vivir sin hacer nada. Comparto el símil de los autónomos, esos pobres no tienen más que aguantarse y trabajar de día y de noche. Un artículo oportuno en este mes de septiembre.
Buenos días a todas todos.
Me encanta esta tribuna desgranando con experto bisturí todos los temas de actualidad.
Personalmente el tema del síndrome postvacacional, me parece un invento un tanto tramposo .
En primer lugar si este síntoma se da principalmente en las vacaciones de larga duración, pues dividamos las vacaciones en periodos más cortos osea cuatro semanas, seguramente volveremos al trabajo con la alegría de saber qué en un periodo corto de tiempo volveremos a disfrutar de vacaciones.
Y posiblemente nuestro estado anímico sería mucho más positivo.
Un perfecto diagnóstico de la situación actual posterior al disfrute de las vacaciones.
A mí modesto entender, creo que estamos «viciados» en está sociedad nuestra a etiquetar todo lo que nos acontece.
Yo no recuerdo en nuestros padres quejas en este sentido.
Se trabajaba, se disfrutaba de las vacaciones, si es que las había y se volvía al trabajo sin ningún tipo de trauma.
Y dando gracias por poder hacerlo.
Más o menos como «nuestros actuales sufridos autónomos.
Buen análisis.
Claro que no es una enfermedad. Más bien es el deseo de no incorporarnos… volver a la presión. horarios, etc. Los autónomos no tienen esa opción. Ni otras muchas… a modo de ejemplo:
https://www.mdpi.com/1660-4601/17/6/1892