Almudena Fuentes Puntas
- ¿Cómo te describes cuando no estás interpretando?
Soy una persona tranquila, muy sociable, soy muy ordenado y hasta obsesivo con el detalle, siempre creo que se puede mejorar, diría que se debe a que tengo un lado racional muy potente que está en constante lucha con mi lado artístico, por tanto, me considero una persona de contrastes, mi profesión (con la que me gano la vida) y mi pasión artística lo verifican.
- ¿Dónde te formaste?
Estudié 2 años arte dramático en el centro de nuevos creadores, o como lo conoce allí todo el mundo, la escuela de Cristina Rota, tras esos dos años decidí terminar mi formación 3 años más en el Estudio de Juan Carlos Corazza, ahora mismo cabeza de cartel en cuanto a enseñanza dramática se refiere, además he realizado diversos cursos, decenas diría, muchos en Corazza y Rota y algunos fuera de ellas.

- En tu trayectoria audiovisual aparecen proyectos muy distintos, desde la serie Glow and Darkness hasta cortometrajes como Inocentes o The Effect. ¿Qué te atrae de estos formatos y qué te aporta cada uno como actor?
En macro producciones solo he trabajado en pequeños papeles, acting o figuración especial, en ellas aprendí muchísimo, aprendes cosas que no ves en la escuela, sobre todo el trabajo real y la difícil coordinación de cientos de personas, el de todo un equipo que no solo es actoral, técnicos, vestuario, peluquería, etc. Tuve la suerte de estar un año en, probablemente, el catering más solicitado del cine y series en España, y ahí aún profundicé más.
El pequeño formato sin embargo te aporta experiencia, una oportunidad de crecer constantemente, sirve incluso como entrenamiento, no importa que no te paguen, porque ello te permite estar constantemente entrenado y preparado para el momento en el que te puedan dar una gran producción, no retrases ni entorpezcas un rodaje, que es un caos constante y lo mismo en el teatro, la profesionalidad se adquiere desde el pequeño formato, es fundamental para el actor.
- Participaste en la película The Promise, dirigida por Terry George y protagonizada por Christian Bale. ¿Cómo viviste la experiencia de trabajar en una producción internacional de gran escala?
Es probablemente la producción a mayor escala en la que he estado, ahí con Glow and Darkness, en esa ocasión solo tenía acting, no me permitían hablar puesto que me pagarían más si lo hacía, mi contrato era llegar desesperado a la orilla para que me salvaran del genocidio Armenio (la película va sobre esa primera guerra mundial y lo que vivieron) De hecho tengo una anécdota curiosísima, y es que participé dos veces en ese rodaje, uno como figuración especial y otro como figuración con acting, en uno me tocaba huir desesperadamente de los turcos como Armenio, escena que rodé junto a Christian Bale y Oscar Isaac al lado, tuve la oportunidad de estrecharle la mano a Christian incluso, y a la semana siguiente estaba metiéndome en la piel de un turco que asesinaba Armenios, aunque en esa ocasión la figuración no me exigía nada, me gustaba sentirlo real, prepararon una explosión controlada a cientos de metros que luego se ve en pantalla como si nos explotara al lado y tuvimos otra escena donde decenas de caballos venían hacia nosotros, fue una experiencia maravillosa, multitudinaria y millonaria.
- Has interpretado personajes muy potentes en escena, como Eddie en Panorama desde el puente o Kabud en El planeta azul. ¿Qué te exige el teatro de texto y cómo dialoga con tu formación en movimiento y expresión corporal?
Eddie es uno de los personajes más duros que he interpretado, esa obra es un drama enorme, de aquellos que te hacen reflexionar la suerte que tenemos de vivir en la época actual, realmente fue un trabajo corporal difícil (Reconozco que mi cuerpo es difícil de manejar por lo grande que es y me exige trabajar el doble), de por sí, Eddie no es una persona anciana, es entrada en años, pero ni mucho menos anciana, sin embargo estaba vencido por sus vivencias, por lo que tuve que trabajar un cuerpo ajado, deshecho, casi de anciano sin serlo, con fuerza en los momentos donde se requiere y con desidia donde Eddie no puede más, fue un trabajo muy interesante, que algún día me encantaría repetir.
Kabud, sin embargo, fue interesante a nivel diversión, era una obra para niños, y le pude poner una voz dura que ahora me sería imposible conseguir, le dedique muchos días y horas para que sonara ronca sin que ello me rompiera las cuerdas vocales una a una, sin profesor de voz que me aconsejara en ese momento, ya que en clase no podían centrarse en eso y no podía pagarme también ese entrenamiento en esa época, por tanto tuve que poner esa voz, actuar como un verdadero villano Disney, mi cuerpo de por sí impone, el vestuario acompañaba, y lo divertido es que los niños disfrutaban con el villano, algunos incluso se ponían de mi parte cuando interactuaba con ellos por el patio de butacas, ya que en una escena trataba de convencerlos, era muy divertido, el cuerpo se movía lento, casi con majestuosidad y parsimonia, era constantemente un flujo de emociones con los niños que me aportaban muchísimo.
- Eres fundador de la compañía Tejemaneje, activa desde 2015. ¿Qué te llevó a crear una compañía propia y qué espacio artístico querías abrir con ella?
Siempre he sido emprendedor, de hecho he abierto algunas empresas, teniendo ahora una, desde casi que empecé mi formación tuve claro que iniciar una postura de espera a ver si me llaman y solo hacer castings, era un camino duro y casi imposible, por ello decidí que mientras no tuviera trabajo, tenía que mantenerme activo todo el rato que pudiera y mi trabajo me permitiera, tuve la suerte de conocer a Mickael Davier, que era guionista y la simbiosis fue inmediata, ambos queríamos dedicarnos a ello, expresar nuestras inquietudes artísticas y que el público disfrutara de estas, a ambos nos encantaba la comedia y conformamos la compañía, y aquí seguimos, con un pedacito de ella ahora en Cádiz, aunque sin Mickael.

- Has protagonizado numerosas obras con Tejemaneje Compañía, como No eres tú, soy yo, Cuéntame ¿en qué piensas? o ¿Para qué habré dicho nada? ¿Qué te aporta el trabajo continuado con una compañía estable?
Aporta entrenamiento, presencia, visibilidad, disfrute, un público que te sigue, aporta experiencia, diversión y sobre todo un sentimiento de realización, sentir que lo que haces se ve y vale para algo, expulsar y hacer visibles todas tus ideas, cuando ese trabajo deja de ser continuado (Como en el COVID) tu mente se siente a toda velocidad, tiene esa necesidad y no puedes ejecutarla, para mí, es necesario, es algo que disfruto y tengo que hacer, aunque si soy sincero, cada vez me canso más, es duro, son horas y se hace únicamente por pasión, pero al final, acabas volviendo a realizar otra idea, es un círculo de no parar.
- También has trabajado en espacios institucionales como el Teatro Conde Duque, el Teatro Real de Aranjuez o la Sala Mirador. ¿Qué diferencia encuentras entre estos escenarios y el circuito alternativo madrileño?
Creo que la diferencia más notable es el público, en salas grandes el público tiene más expectativas, y notas esa tensión, te concentras más, das el 200% y al mismo tiempo es más fácil hacerlo, porque no tienes al público cerca, por tanto es más difícil romper la cuarta pared, sin embargo en las pequeñas tienes esa cercanía, esa familiaridad, recibes inputs constantes del público, te vienes arriba o abajo según sus reacciones, los tienes casi respirando al lado y esa conexión con el público en salas pequeñas es única, es pura magia, tiene sus ventajas y sus inconvenientes, pero el teatro alternativo suele ser un teatro de tipo mágico, mientras que el teatro profesional es un teatro más serio y metódico, todo es bueno aprenderlo y vivirlo, ambas experiencias son maravillosas, un teatro grande es un regalo para el actor también.
- Además de actuar, has dirigido Si lo llego a saber, ¡No pregunto! en Tejemaneje, obra que sigue en representación en 2026. ¿Qué te llevó a dar el salto a la dirección y qué has descubierto desde ese rol?
Pues tras 10 años, con castings casi semanales o diarios, una persecución incansable y además un trabajo estable de 8 a 10 horas de lunes a viernes sin parar, sin darme cuenta cumplí 32 años (empecé a dedicarme a esto con 21 profesionalmente) y me “peleé” con la profesión, estaba harto de trabajar en cosas que no eran eso, el deseo se volvió una cuesta durante un tiempo y decidí parar, me vine a Cádiz con 32 de vuelta, de traslado. Tras un año aquí hice varios cortometrajes en Cádiz y alguna obrita, para no perder forma, pero ya no era lo mismo, me sentí cansado emocionalmente, sin embargo, mi mente no paraba de repetirme, sigue, te gusta, no pares, y antes de volver a actuar, me dije a mí mismo que podría poner un montaje en marcha desde atrás, que podría transmitir lo aprendido en un montaje, a mis actores, hacerlo a mi forma, con mi montaje, y quizás estaría peleado con mi yo actor, pero había otro yo director al que tenía que escuchar, y así di el paso, con vértigo, poniéndome en lo peor, pero sin parar, reuní al mejor elenco de actores que encontré (6 meses tardé en encontrar todos porque quería que dieran el personaje) y ellos me lo hicieron muy fácil, fue otra simbiosis, cada ensayo fue diversión pura y seguimos ensayando y me sigo riendo un año después con ellos, descubrí que la dirección es otra pasión y que era ese momento, que podría hacerlo (por si alguien se lo pregunta en arte dramático también te enseñan a dirigir teatro en último curso hacia los que vienen de primero).
- En Misericordia, cortometraje del Máster de Globomedia, interpretas a Sahed. ¿Qué te llevó a aceptar este proyecto y qué descubriste en él como actor?
La verdad que lo primero que pregunté es porque no contratar a un actor marroquí, pero era complicado, había pocos me explicaron, que estuvieran formados y en escuelas, así que antes de decirles que sí les dije que si había alguien que me enseñara a pronunciar correctamente las frases (había frases en árabe) Por suerte sí que tenían a un chico marroquí en el equipo, entonces me llamó mucho la atención meterme en esa cultura y aprender un poco de ella, de manos de alguien que pertenecía a ella, físicamente desde luego pasaba por árabe, no era remunerado, pero era una oportunidad perfecta, que se da poco, de poder representar un personaje de otra etnia y cultura, he de decir que este chico me enseñó estupendamente, tuvimos incluso un accidente en este corto y tuvimos que ir al hospital, pero al final todo salió estupendo, era un equipo talentoso, por lo que fue una experiencia increíble.
- ¿Cuáles son tus proyectos futuros?
Estoy planeando una nueva obra, una adaptación de otra comedia nuestra de Tejemaneje, y me gustaría incursionar en el audiovisual con algunos cortometrajes que tengo escritos, estoy también escribiendo un largo muy lentamente, pero con la esperanza de que en un futuro pueda tener el dinero de llevarlo a cabo.
- ¿Dónde podemos encontrarte, tienes página web o redes sociales?
Sí claro, mi página web es www.danivias.com, y mi Instagram es @viasdani, soy fácil de encontrar.
