En el nombre del hijo | Juan Andrés Moya Montañez

Cuando conoce Javier la verdad sobre su adopción en la frágil voz de su madre moribunda, exige él respuestas. Habrá de encontrarlas entre aquellas páginas que alguien dispusiera para él. Pero en ellas se topa con la barbarie, con la violencia más absoluta y la negrura que cada quien lleva por dentro, y ni un vislumbre de su identidad. Para conocerse —comprende y tiembla—, habrá de descubrir, primero, al asesino. Se embarca, entonces, en una aventura que lo trasladará a aquella Almería paupérrima en plena posguerra, mientras explora —en su misma hambre de antaño— la ruina de una bestia sin alma. Puede que el infierno no habite fuera. Puede que lo haya llevado uno siempre por dentro.

«Recorre la narrativa un soplo de magnificencia. No hay lugar a duda: es una novela de simetrías monumentales». Salva Menéndez, autor de Encargo al viento (Círculo Rojo). 

«Debería convertirse en un clásico entre las personas que apreciamos una literatura exquisitamente escrita». Esther Cerón, autora de Y tú… ¿Cómo llevas la reencarnación? (Henko Ediciones).

SINÓPSIS de un retrato de la crueldad humana

Al agujero negro, en su hambre carcelaria, no hay luz que se le resista. Y cuando descubre Javier, de la boca de su madre moribunda, que fue adoptado en un hospicio y que nada supieron ellos de su familia biológica, comprende el joven que bajo sus pies acaba de abrirse ese agujero negro que ansía, en la hondura de su ser, consumirlo. En una España recién llegada a la democracia y sin disponer de la entereza emocional necesaria, Javier habrá de decidir si ocupa un rincón y no hace nada, o se aventura en una investigación que nadie concibe adónde habrá de llevarlo. Para ello cuenta con tan solo dos objetos: un rosario y un manuscrito. Pero no es un manuscrito cualquiera, es un diario. Y no es el diario de una persona corriente: es el diario de un criminal.

A través de su lectura nos adentraremos en la mente atormentada de un asesino cuyos crímenes inmundos, casi treinta años atrás, iniciaran aquel cataclismo que todavía perdura en una Almería paupérrima, sumida en la grisura inmediatamente posterior a la Guerra Civil. Fue allí donde un joven Santano, investigador del caso, se entregó en cuerpo y alma a la búsqueda desesperada de un fanático religioso que no dudó en masacrar a niños, jóvenes y ancianos sin, aparentemente, un fin. O puede que sí lo tuviera…

Porque tal vez solo cuando no quede ya nada, cuando «EN EL NOMBRE DEL HIJO» te atrapará especialmente si… Búsqueda de la identidad ¿Y si aquella identidad que has construido se desmoronase en apenas un segundo? ¿Quién eres verdaderamente? Quizá sea preferible no descubrir, de tan crudas, algunas verdades. Fanatismo religioso Cuando uno cree obrar en nombre de Dios, ¿a quién habría de rendirle cuentas, salvo a su propio sentido de la moralidad? El que asegura ejecutar la voluntad del Altísimo posee el salvoconducto para ajusticiar a los hombres.

Traumas heredados El mal como entidad Somos herederos de aquellas heridas que abrieran los que nos precedieran y tal vez debamos sufrirlas, en carne viva, hasta el f inal de nuestros días. El daño que causa alguien hoy quizá nos agreda, con su misma virulencia, muchas vidas después. ¿Somos ajenos a la oscuridad de la que participamos? ¿Dónde concluye y comienza nuestra responsabilidad? ¿Somos buenos o despiadados por naturaleza? Acaso —así nos destruya— hayamos de asumir a la bestia que nos habita por dentro.

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